Hacia el Domingo…19 de agosto de 2018: “HAY ALGUIEN QUE AME LA VIDA”

Una de las metáforas más habituales para hablar de la sabiduría es la comida. En los textos bíblicos, la sabiduría aparece, incluso, personificada, como matrona que prepara un banquete para un sinfín de comensales: mezcla el vino, pone la mesa, prepara el pan e invita a los inexpertos a su casa para que se sacien de conocimiento.

¿Por qué esta relación entre la comida y la sabiduría? Nos lo dicen los mismos textos sapienciales: “¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Que escuche los caminos de la sabiduría y se esfuerce por actuar según la prudencia”. Existe una relación intrínseca entre la sabiduría y la vida. Sin alimento, no es posible la vida física; sin sabiduría, se hace imposible la vida humana. Nosotros, como todos los seres vivos, necesitamos alimentar nuestros cuerpos; pero no es suficiente: necesitamos un alimento más allá del pan porque somos libres, inteligentes, capaces de amor.

Ahora bien, de la misma manera que existen diferentes formas de preparar la comida, también se han dado a lo largo de la historia diversas propuestas de sabiduría. Existen alimentos más digestivos, cocinas más o menos elaboradas; hay productos más sanos que otros y hay paladares más sutiles que otros. El paladar y la salud, también la experiencia, van educando nuestra forma de comer y nuestros gustos culinarios. Quien no ha probado más que alimentos poco preparados es posible que no disfrute de algunas delicias de la alta cocina.

Tiene fama, por ejemplo, la cocina mediterránea: por su calidad y por sus bondades para nuestra salud. Algunos hablan, por otra parte, de “comida basura” que, sin embargo, es apreciada por muchos para comer rápido y con sabores fuertes.

¿Existe también una “sabiduría basura”: rápida, atractiva, pero elaborada con elementos de poca calidad y poco sana para nuestro organismo? ¿Pueden existir dietas más saludables que otras para una vida más humana y feliz? ¿Cuál ha sido la “dieta mediterránea para el alma” en nuestra historia? ¿Sería bueno recuperar sus ingredientes y volver a aprender sus recetas?

La sabiduría bíblica ha sido siempre el horizonte que ha alimentado nuestro camino por la historia. Unas veces, más como teoría que como vida concreta; otras, quizá presentada sin mucha elaboración y, por ello, muchos pueden haberla aborrecido. Pero ahí sigue, con su propuesta secular de prudencia. Si queremos conocerla bien habría que fijarse en aquellos que llamamos santos: ellos han alimentado sus vidas completamente con esta dieta, ellos han vivido esa sabiduría y sus contemporáneos han experimentado los frutos de ese alimento.

A menudo, hemos olvidado que la propuesta bíblica no es, principalmente, una condición para heredar el Reino más allá de esta vida. Pensamos que los mandamientos bíblicos son unas normas que ha puesto la Iglesia, o los antiguos judíos, o quizá Dios mismo, para probarnos, para cribar a los seres humanos en su camino hacia la felicidad eterna. Se trataría de esforzarse ahora para disfrutar luego, de sufrir en el presente para ser felices en el futuro. Esta es una forma demasiado simplista de presentar las cosas y no es así como la sabiduría bíblica nos sale al encuentro. Entre otras cosas, porque muchas propuestas sapienciales del Antiguo Testamento se hicieron antes de que se creyera en la vida de ultratumba: son, por tanto, propuestas para esta vida, para encontrar las claves de la felicidad ahora, aquí, en la tierra prometida, en la historia de los hombres.

El hombre se construye en el presente y se plenifica en el futuro. Existe una continuidad radical en la vida. Por eso, el Dios eterno se ha introducido en esta historia: para redimirla, para sanarla desde dentro, para resucitarla. Lo que es bueno para el presente es también saludable para el futuro. Se trata de que sepamos discernir, profundizar, escuchar en lo profundo. Se trata de educar nuestro paladar y tener conocimiento de los frutos de cada dieta, de las consecuencias de cada propuesta sapiencial.

Cada domingo, el pan y la palabra no son pronunciados en vano: llaman a nuestras puertas como alimento de prudencia, como maestros de sabiduría que dan fruto en abundancia.

Manuel Pérez Tendero

Hacia el Domingo…12 de agosto de 2018: “MAS QUE EL AIRE QUE RESPIRO”

El largo discurso de Jesús sobre el pan de vida está llenando las asambleas cristianas durante este mes de agosto. Después de multiplicar el pan, Jesús habla, comunica su palabra, su vinculación a Dios, su condición filial.

El Maestro de Galilea se sitúa en el corazón de la necesidad humana, en la esencia de lo que somos y necesitamos para vivir.

Decíamos hace algún domingo que la necesidad configura nuestras vidas de criaturas. Necesidad, en primer lugar, de pan, de alimento. Es, tal vez, la necesidad más presente y perentoria que experimentamos los seres humanos. Cuando falta, hablamos del “problema del hambre”. Pero el alimento no es lo único necesario para que podamos sobrevivir.

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Hacia el Domingo…5 de agosto de 2018: “TIEMPO PARA CONTEMPLAR”

“Nuestras palabras solo pueden tener algún valor y utilidad si provienen del silencio de la contemplación; de lo contrario, contribuyen a la inflación de los discursos del mundo, que buscan el consenso de la opinión común” (Benedicto XVI). El mismo Hijo de Dios es el Verbo “salido del silencio” (Ignacio de Antioquía).

¿Cuántos libros se publican a lo largo de un año? ¿Cuántos periódicos, cuántas reflexiones enviamos a través de nuestros móviles a una gran cantidad de personas? Es verdad que la sociedad de la imagen parece querer suplantar a la civilización de la palabra. Se mira más que se lee; la pantalla sustituye al libro; la película, a la novela. ¿Estamos perdiendo la palabra?

Yo creo que no, más bien al contrario: junto a la imagen, se multiplican las palabras. Estamos, quizá, perdiendo, la palabra verdadera, la palabra profunda, su conexión con lo real, su sinceridad radical. ¿Por qué?

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Hacia el Domingo…29 de Julio de 2018: “PAN SOBRE LA HIERBA”

Al comienzo de los tiempos, cuando Dios crea al varón y a la mujer como culminación de su obra, les da como alimento todos los frutos que produce la tierra. Desde el principio, toda la dignidad del hombre aparece unida a su dependencia, a la necesidad de alimentarse. Comer, respirar, oír,… los sentidos son como una muestra de que recibimos la vida de afuera hacia dentro. Somos las proteínas que comemos, nos mueve el aire que respiramos; somos consumidores de vida, necesitados del exterior. También el alma vive de aquello que le viene de fuera: la belleza de la música, las historias de la literatura, los interrogantes de la filosofía, el cariño de aquellos que nos miran y nos cuidan.

A fuer de tenerlo tan a mano, parece que hemos olvidado la condición radicalmente dependiente de nuestra existencia.

Desde el origen, el Creador aparece como aquel que nos alimenta. La necesidad de las cosas es un signo de la necesidad que tenemos de Dios.

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Hacia el Domingo 22 de Julio de 2018…”POETAS DE DIOS”

El Salmo del Pastor: de nuevo volverá a escucharse este domingo en nuestras asambleas parroquiales. Probablemente, es el Salmo de la Biblia más conocido y rezado a lo largo de la historia. También en el cine hace su aparición; recuerdo, en este instante, dos películas –una antigua y otra más reciente– en donde aparece recitado: El hombre elefante y 2012.

No es casual que sea tan conocido, el Salmo lo merece. Es, seguramente, en toda su brevedad, el Salmo más intenso, profundo y bello de toda la Biblia. La imagen del pastor es tan conocida que ha ocultado una segunda imagen que aparece en el poema: Dios como anfitrión.

Del pastor-que-guía-por-el-camino pasamos al anfitrión-que-pone-la-mesa, acogiendo en su casa a aquel que llega cansado del camino y, probablemente, perseguido por sus enemigos. Las grandes potencialidades de la imagen poética están en que es una “metáfora de metáforas”, acoge en sí muchas posibilidades, un horizonte de sentido y aplicación.

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Hacia el Domingo…15 de julio de 2018: “LA POCIÓN MÁGICA DE ASTERIX”

“Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor”.

Con estas palabras comienzan todos los libros de Asterix que, desde hace muchos años, han entretenido con aventuras y humor a varias generaciones de lectores.

Este fin de semana, un grupo de niños y jóvenes se han marchado de Campamentos a los alrededores de Villanueva de los Infantes. “Asterix y Obelix: misión en La Mancha” es el tema de estos Campamentos que organiza el Seminario.

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Hacia el Domingo…8 de Julio de 2018: “DÉBILES Y FELICES”

Sería muy interesante atreverse a hacer una fenomenología de la debilidad. La fenomenología es un método filosófico que pretende comprender la realidad desde la empatía, aceptando la existencia de algo e intentando explicar su funcionamiento. No juzga, no desprecia: acepta, se interroga, explica.

¿Es la debilidad parte de la condición humana? Existe, está ahí; pero, en principio, no nos gusta. ¿Cuál es su origen, cómo funciona, cuál es su sentido? La humanidad, desde sus orígenes, ha tenido que luchar para superar los límites que la realidad le imponía. Cada hombre, como una humanidad que se renueva en cada nacimiento, viene a la vida cargado de limitaciones, dependiente de forma absoluta. Tras un paréntesis más o menos largo, la vida nos enseña a despedirnos de ella también desde la debilidad y la dependencia.

Somos radicalmente limitados. La debilidad no es un adjetivo que se nos ha pegado a los pies como el polvo del camino, sino latido profundo de nuestro corazón existencial. Vivir como si el límite fuera un accidente fácilmente superable, nos hace soberbios y provoca una actitud de enfado continuo ante la vida y sus dificultades. Enfadados y desagradecidos: las dos características de ese niño mimado que, a menudo, llevamos dentro de nosotros.

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Hacia el Domingo…1 de julio de 2018 “JEFE DE PERSONAL”

El pasado viernes, día veintinueve, celebraba la Iglesia a dos de sus santos más queridos: san Pedro y san Pablo, verdaderos cimientos de la fe cristiana y mártires ambos de la ciudad de Roma, a la que le han regalado su carácter de corazón del cristianismo.

Con motivo de esta festividad, la liturgia recordaba uno de los momentos más importantes de la vida de Pedro en su seguimiento del Maestro: la confesión de fe en el norte de Israel, junto a la ciudad de Cesarea, construida por Filipo, hijo de Herodes, como capital de su territorio. Pedro confiesa a Jesús como “Mesías e Hijo del Dios vivo”.

Es muy interesante la respuesta de Jesús. El Maestro nombra a Simón como Cefas, palabra aramea que se corresponde con el griego Petrós y el latín Petrus, “piedra”. Junto a este símbolo también aparece el de las llaves del Reino, recordando una profecía de Isaías. El evangelista nos muestra un momento crucial en el que Jesús nombra a Simón como cimiento y mayordomo de la Iglesia, un gesto instituyente en toda su magnitud. Está naciendo el papado; pero querría fijarme ahora en un matiz importante de este momento fundamental.

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Hacia el Domingo…24 de junio de 2018: “DESDE EL SENO MATERNO”

“Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre”. Así expresa Isaías la esencia de su vocación. Otro profeta, Jeremías, también dice palabras semejantes: “Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré. Te nombré profeta de los gentiles”. Un poeta que no fue profeta, pero nos prestó sus palabras para orar en los Salmos, tiene una experiencia parecida: “Tú has creado mis entrañas –le reza a Dios–, me has tejido en el seno materno, porque son admirables tus obras”.

Siglos después, también otro profeta se revuelve en el seno materno y salta de alegría porque intuye la presencia de Dios: es Juan Bautista, en el seno de su madre Isabel, ante la llegada de María embarazada de Jesús.

¿Qué tendrá el vientre materno para ser testigo de tan cruciales momentos? En el fondo, la medicina moderna no ha hecho sino corroborar la importancia de esta etapa fundamental y fundante de nuestras vidas: los meses que pasamos, antes de nacer, en el seno de nuestras madres.

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