EL AMOR POR DENTRO

En el siglo décimo, desde la lejana Babilonia, el rabino Saadyah fue el primer pensador judío que, sistemáticamente, cuestionó el dogma de la Trinidad. Ninguna religión ha entendido ni aceptado la insistencia cristiana al afirmar tres personas en la unicidad de Dios. Para Saadyah, no obstante, los cristianos deben ser respetados como verdaderos creyentes en Dios, puesto que el entendimiento que tenemos sobre la Trinidad –en nuestros mejores teólogos, no en su versión popular–, no es otra cosa que un modo de personificar los atributos divinos. ¿Es esto verdad?

Para muchos pensadores, Jesús fue un judío que predicó, vivió y entendió su muerte desde unas perspectivas netamente judías. Solo más tarde, bien por obra de Pablo o, según otros, de los Padres de la Iglesia, se habrían introducido conceptos ajenos al judaísmo que, procedentes de culturas y cultos orientales, convirtieron al cristianismo en una religión sincretista.

¿Qué piensa un cristiano “de a pie” del dogma de la Trinidad? ¿Cómo lo concibe? Sobre todo, ¿cómo influye en su vida y en su fe?

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ROMERO

En la plaza del Divino Salvador del Mundo, en San Salvador, fue beatificado ayer monseñor Romero, el obispo que murió asesinado mientras celebraba la Eucaristía el lunes 24 de marzo de 1980. En el momento del ofertorio, su sangre se mezcló con el vino del cáliz, presentado al Señor para acoger el sacrificio vivo de su Hijo.

El postulador de la causa le ha definido como “el mártir de la Iglesia del Concilio”. El lema de su episcopado era ”sentire cum Ecclesia”, sentir con la Iglesia, estar en comunión con la Iglesia. Y muchos que lo conocieron y lo escucharon insisten en que el objetivo de su vida consistía en un rotundo “primero Dios”.

Puede haber muchas personas y grupos que se quieran apropiar el testimonio de monseñor Romero, pero él fue testigo de Cristo, lo mismo que Cristo fue un mártir de Dios. Su beatificación es una confirmación de este carácter cristocéntrico y eclesial de la entrega de este obispo.

Su sucesor como obispo de la Iglesia de San Salvador, monseñor José Luis Escobar, ha dicho que no se trata solo “de la beatificación de una persona, sino que se trata de beatificar, por así decir, un estilo de vida nueva, un estilo de pastoral nueva”.

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