Era verdad.

La semana acaba con el sábado. Ha pasado la fiesta y es tiempo de volver al trabajo. Dios lo comenzó todo con el primer día de la semana y descansó el séptimo. Las mujeres discípulas de Jesús van a acabar lo que parece que quedó a medias en el pasado: los aromas, la sepultura definitiva. Algunos discípulos, después de pasada la Pascua y tras el fracaso de la cruz, vuelven a lo cotidiano de sus antiguas tareas: Emaús, Galilea. En todos, está la mirada al pasado: la vida continúa; llena de nostalgia, cargada de ilusiones no cumplidas: mayor razón aún para volver a lo de antes, a lo real y pequeño, a la rutina. Ha muerto el Maestro, pero nuestra vida continúa.

Algo parecido a lo que vivieron los discípulos de Jesús en los orígenes del cristianismo vivimos ahora los cristianos cuando va acabando la Semana Santa: es tiempo de recoger, de acabar la fiesta y volver al trabajo, a la vida, a las tareas de siempre.

Pero Jesús sorprendió a todos en el primer día de la semana. Cuando regresaban a su vida con minúsculas, les sorprendió la Vida traída por el Crucificado. La vida empieza ahora, comienza una nueva semana, la definitiva de la historia. El fracasado nos ha traído la victoria de Dios para el hombre. La muerte ya no es el final.

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Creatividad Pobre y Miserable.

Antes, de quienes presentaban una obra que no era suya, se decía que la cosa era copiada o robada.

Ahora, algunos roban la obra, la presentan, se la admiten y hasta son apoyados desde algunas entidades sociales.

El propio autor decía que era material robado.

Un personaje que roba, profana y lo que haga falta, con tal de lograr el triunfo rápido y  el ser conocido, y después de esta hazaña aún pudiera atreverse a decir que ya tiene existencias para la próxima ocasión que se le ocurra decir, asegurando que tiene “obra nueva”.

Y como el dos sigue al uno, ya está la segunda entrega, pues la falta de originalidad es una mala hierba que abunda mucho.

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