Aviso Candelaria 2017 – Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo

Con motivo de la festividad de la Presentación de Jesús en el Templo,
fiesta de la Candelaria o de la Luz,
que celebramos en la Iglesia el próximo jueves 2 de Febrero,
a los 40 días de la Navidad…
… La Parroquia invita a las madres
cuyos hijos fueron bautizados este pasado año 2016,
a presentarlos al Señor para ser bendecidos (como lo fue Jesús)
y, a ejemplo de la Virgen María,
dar gracias a Dios por el don de la maternidad.
Nos reuniremos en la explanada del templo parroquial
a las 18:30 de la tarde.
Entraremos juntos en procesión hasta el altar,
donde los niños serán bendecidos y recibirán un pequeño recuerdo.
Extensiva esta invitación a los esposos
y a los padrinos de Bautismo de los niños,
así como a vuestras familias.
¡Os esperamos!

Ocho paradojas

Una de las enseñanzas más universales y aceptadas de Jesús de Nazaret son las Bienaventuranzas. Creo que no conozco a nadie que no las valore; pero tampoco sé si conozco a alguien que esté realmente convencido de su contenido y, menos aún, que esté dispuesto a vivirlas.

¿Qué son, exactamente, estas ocho afirmaciones paradójicas del sabio de Nazaret? ¿Son su programa de vida? ¿Son sus mandamientos, el correspondiente a la antigua ley de Moisés? ¿Jesús nos pide que “cumplamos” las bienaventuranzas?

Aunque son el comienzo del sermón del Monte, no creo que sean exactamente un conjunto de normas morales. Son más constatación que mandamiento, están formuladas en indicativo, no en imperativo. Jesús no dice exactamente: “Para ser felices, debéis hacer esto”. Además, están formuladas en tercera persona, a excepción de la novena, que parece un añadido para aplicar el conjunto a los discípulos oyentes. En las ocho bienaventuranzas, Jesús no habla a los pobres, mansos, limpios de corazón,… Habla sobre ellos a la muchedumbre y a los discípulos.

La primera palabra que Jesús usa en su mensaje, en línea con Juan Bautista y con los antiguos profetas, es “¡Convertíos!” ¿Cuál ha de ser el contenido de esta conversión que Jesús pide a sus oyentes?

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DESDE EL DOMINGO: Sintoniza con la Iglesia

Sin duda los nuevos tiempos, requieren nuevos métodos, pero no siempre se consiguen, uno busca y busca… y alguna vez aparece algo que podría servir de novedad, aunque realmente no sea así. En uno de mis particulares viajes, a Puerto de la Cruz, en la Isla de Tenerife, ESPAÑA, a comienzos del diciembre pasado, y por motivos personales y familiares, he tenido la oportunidad de conocer personas nuevas, entre ellas dos sacerdotes: P. Andrés González y P. Antonio, encargados entre otras cosas de una Parroquia en aquella ciudad, “NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ y S. AMARO”, que lleva aneja también otra iglesia dedicada al patrono protector de los males de huesos, S. AMARO.

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Infancia

Los niños podrían ser misioneros. Los niños, en su infancia más auténtica son misioneros. Vienen de otro lugar del que son testigos. Ellos son misioneros de un mundo por descubrir, son misioneros de inocencia y admiración; el asombro conduce sus vidas y empuja sus búsquedas. A menudo, la educación consiste en la incapacitación de los niños para la misión; también la educación supuestamente religiosa.

Los llenamos con los problemas ficticios de los adultos, con necesidades innecesarias que ellos no nos pidieron; cambiamos el ritmo de sus preguntas con estímulos artificiales que acaban ahogando su capacidad de asombro. Quebramos el motor interno que los lleva a abrirse al mundo con frescura; rompemos su inocencia y apagamos su motivación.

¿Por qué? Tal vez porque queremos para ellos lo que los adultos no tenemos, pero que ellos no nos han pedido. Tal vez porque queremos que nos dejen en paz y llenamos sus manos de máquinas y sus ojos de pantallas para que no busquen nuestras manos ni esperen nuestra mirada. El niño ha venido al mundo para que sea educado y acompañado por personas, pero hemos delegado su educación, no ya a los pedagogos y canguros, sino a las máquinas y los juegos que aíslan.

Si educar es ayudar a que salga desde dentro la sabiduría más auténtica, encauzar el torrente de vida que nos brota del alma; si educar es ayudar a que alguien salga de uno mismo para encontrarse con el rostro del otro y la belleza de la vida: ¿no estaremos errando el horizonte de la educación? ¿No estaremos provocando que nuestros hijos pierdan la infancia y, por tanto, el futuro?

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