Hacia el Domingo…20 de mayo de 2018: “LLUVIA NECESARIA”

Estamos teniendo una primavera lluviosa. Todos nos preguntamos qué habría sido de nuestros campos si no hubiera llovido tan abundantemente durante el mes de marzo. Sin agua, la tierra se hace infecunda; cuando llueve, todas las posibilidades del suelo se desarrollan y explotan llenando de belleza y colorido nuestra tierra. Cuando los científicos estudian la posibilidad de que haya vida en un planeta, buscan, ante todo, la presencia de agua. El agua es la matriz de la vida.

El libro bíblico del Génesis nos dice que, en el origen, toda la tierra era un desierto porque no había hombre que la trabajara ni la lluvia de Dios había descendido del cielo. Bella forma de expresar la fertilidad de la creación: la lluvia y el trabajo, Dios y el hombre trabajando juntos para que la tierra cumpla su vocación de fecundidad.

Esta función vital del agua ha servido para expresar la misión del Espíritu de Dios en nuestra historia. Hoy es Pentecostés, la fiesta que celebra la gran difusión del Espíritu, la “lluvia de Dios”, fruto de la resurrección de Jesús.

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