Hacia el Domingo…24 de junio de 2018: “DESDE EL SENO MATERNO”

“Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre”. Así expresa Isaías la esencia de su vocación. Otro profeta, Jeremías, también dice palabras semejantes: “Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré. Te nombré profeta de los gentiles”. Un poeta que no fue profeta, pero nos prestó sus palabras para orar en los Salmos, tiene una experiencia parecida: “Tú has creado mis entrañas –le reza a Dios–, me has tejido en el seno materno, porque son admirables tus obras”.

Siglos después, también otro profeta se revuelve en el seno materno y salta de alegría porque intuye la presencia de Dios: es Juan Bautista, en el seno de su madre Isabel, ante la llegada de María embarazada de Jesús.

¿Qué tendrá el vientre materno para ser testigo de tan cruciales momentos? En el fondo, la medicina moderna no ha hecho sino corroborar la importancia de esta etapa fundamental y fundante de nuestras vidas: los meses que pasamos, antes de nacer, en el seno de nuestras madres.

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Hacia el Domingo…17 de junio de 2018: “DE SEMILLAS Y REYES”

Creo que todo el mundo sabría responder a la pregunta sobre lo esencial del mensaje de Jesús de Nazaret. “¿Qué predicó Jesús?” El Reino de Dios diría cualquiera que haya leído alguna vez los evangelios. Más difícil es saber en qué consiste ese Reino que Jesús predicó.

Si leemos despacio las parábolas, las bienaventuranzas, los pequeños dichos sapienciales, más que encontrarnos la explicación concreta de los contenidos del Reino, vemos que se nos habla de sus destinatarios privilegiados, de la autoridad con la que Jesús lo enseña y, sobre todo, del cariño con el que lo instaura el Rey de Israel que se hace ahora rey de todos.

En las parábolas aprendemos que el Reino se parece, ante todo, a una semilla. Semilla pequeña que se hace arbusto grande; semilla poderosa que crece por sí misma; semilla que ha de ser acogida por la tierra y que ha de morir para poder dar fruto. Las parábolas nos hablan de los personajes del Reino, nos acercan más al “quién” que al “qué” del mensaje de Jesús. ¿Por qué?

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Hacia el Domingo…9 de junio de 2018: “EL CORAZÓN DE JUNIO”

“El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo, ¿quién lo conoce?” Son palabras pronunciadas y escritas hace dos mil seiscientos años. Los profetas de Israel supieron profundizar en el misterio del hombre y su libertad. Mucho antes que los grandes filósofos de Grecia. ¿De dónde les venía esa lucidez? ¿Desde dónde observaban la interioridad del ser humano? Desde la atalaya de la fe en un Dios único que ama al hombre.

Jeremías, y otros antes y después que él, supieron ver la clave del problema del pueblo en el corazón, en la persona, en su libertad, en sus decisiones responsables, en sus pasiones no educadas.

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Hacia el Domingo…3 de junio de 2018: “TU COMPROMISO”

Como cada año, con motivo de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo –el Corpus–, Cáritas realiza una campaña de sensibilización. Este año, el lema elegido ha sido “Tu compromiso mejora el mundo”.

La palabra “compromiso” significa, según el diccionario, “obligación contraída, promesa hecha”. Esta promesa puede entenderse en sentido positivo o negativo: la palabra puede significar, sin más, “dificultad”; o, por el contrario, puede tener un aspecto tan positivo que pasa a significar “capacidad de entrega ante cualquier decisión libremente aceptada”. Todos estos matices, al menos, puede tener la palabra compromiso.

Cuando hacemos algo “por compromiso” queremos decir que no nos queda más remedio, que es una obligación tolerada por nosotros, pero ante la que no somos libres; es algo que no nos gusta, que no querríamos hacer, pero que debemos cumplir por alguna razón ajena a nuestra libertad a la que no podemos sustraernos.

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