Hacia el Domingo…23 de septiembre de 2018: “ESTATUAS VIVAS”

¡Qué importante es cuidar el patrimonio que la fe de nuestros antepasados nos dejó! No es fácil reformar iglesias, restaurar tejados, reparar humedades. Las piedras hablan de una historia de creyentes que han rezado y sufrido sembrando un mundo distinto. La Iglesia sabe que debe esforzarse en transmitir esos signos que ella ha recibido de sus antepasados.

Pero existe un patrimonio aún más importante: las piedras vivas de la fe que son todos los creyentes. Las catedrales y las iglesias ayudan a un cristianismo vivo y presente en medio de la sociedad, a una evangelización de la cultura desde su corazón y sus márgenes; ayudan, sobre todo, a que exista el Memorial que sustenta nuestra fe y nuestra misión: la Cena del Señor. Ayudan, y mucho; pero, en un extremo, sería posible la eucaristía y la evangelización sin ellas. Lo que resultaría imposible es una eucaristía y una misión sin piedras vivas, sin creyentes, sin comunidad, sin sacerdotes.

Ahí está el patrimonio fundamental que la Iglesia no debe descuidar.

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