Hacia el Domingo…7 de octubre de 2018: “NO ES BUENO QUE ELLA ESTÉ SOLA”.

La mayoría habían venido de Valdepeñas: allí había nacido Raúl. Pero también había gente de Tomelloso, de Campo de Criptana, de Ciudad Real, de Almagro… ¿Qué congregó a tantas personas ayer en nuestra catedral? Además de la procedencia, también había diferencias en las edades, los trabajos, la condición social… ¿Qué era lo que los unía? Se habían reunido para asistir a un milagro.

Mejor, a dos. Un milagro sobre el pan, que es más habitual, y un milagro sobre una persona, un joven de Valdepeñas. El milagro no solo consiste en que el pan se convierte en el cuerpo de un judío del siglo I que resucitó: es la culminación de un proceso que se remonta a la misma creación, a la potencia de una semilla de trigo. Tampoco consistía el otro milagro en convertir a un joven en ministro del Maestro de todos los cristianos: ese milagro estaba precedido por todo un proceso de discernimiento, de libertad, de lucha, de acompañamiento, de configuración de la persona para responder al Misterio y vivir de Misterio.

Sigue leyendo