Hacia el Domingo…25 de agosto de 2019: “ATENERSE A LO DIFÍCIL”.

Durante este verano me está acompañando en muchos momentos la lectura de san Juan de la Cruz. Creo que es uno de los creyentes de toda la historia que mejor ha comprendido el misterio de Jesús de Nazaret. Copio a continuación algunos “Avisos” que él da como consejos para avanzar por el camino de la virtud o, mejor aún, por los caminos que conducen a la unión con Dios, al descubrimiento del amor más verdadero y definitivo:

“Procurar siempre inclinarse no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso.

No a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino a lo que no da gusto.

No inclinarse a lo que es descanso, sino a lo más trabajoso.

No a lo que es consuelo, sino a lo que no es consuelo; no a lo más, sino a lo menos.

No a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado.

No a lo que es querer algo, sino a lo que no es querer nada.

No andar buscando lo mejor de las cosas, sino lo peor, y traer desnudez y vacío y pobreza por Jesucristo de cuanto hay en el mundo”.

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Hacia el Domingo…18 de agosto de 2019: “UN BAUTISMO QUE DUELE”

Ayer por la tarde tuve el privilegio de bautizar a una niña. Muchos de nosotros hemos participado alguna vez en algún bautizo; la alegría suele ser el signo en estas celebraciones. Celebramos la vida, el futuro está presente, la familia se reúne y la pequeñez suscita en nosotros ternura y esperanza.

También habla de bautismo Jesús en el evangelio que este domingo se proclamará en nuestras parroquias: “Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!”

La experiencia del bautismo es fuente de angustia para Jesús, muy diferente a la experiencia del bautismo que tenemos sus discípulos: ¿a qué se debe esta aparente contradicción?

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Hacia el Domingo…11 de agosto de 2019: “LA OTRA RIQUEZA”

La semana pasada, al hablar de la relación con las riquezas, Jesús dejaba en el aire una expresión llena de misterio: llamaba a sus discípulos a superar la codicia y a esforzarse en “ser ricos para Dios”. La tendencia del hombre es “amasar riquezas para sí”; en cambio, Jesús propone “ser ricos ante Dios”. ¿Qué quiso decir con esta expresión? ¿En qué consiste esa riqueza, cómo se consigue?

El evangelio que proclamamos este domingo, continuación del anterior, nos ayuda a comprender mejor esta expresión. Nos fijamos en algunas características de esta riqueza que no se pudre y dura para siempre.

En primer lugar, Jesús llama a sus discípulos “pequeño rebaño” y les invita a no temer, a confiar en Dios. Aquí tenemos la primera clave: ¿no es signo de temor el afán de acumular riquezas? ¿Por qué queremos tener más sino porque nos vemos vacíos por dentro y profundamente inseguros? El dinero ofrece seguridad; pero, ¿es esta la seguridad que afianza al hombre con unos cimientos sólidos y auténticos? Jesús invita a poner la seguridad en la persona, no en las cosas; en Dios, no en lo humano. Podemos atrevernos a decir que existe una relación directa entre deseo de riquezas y falta de confianza en Dios.

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Hacia el domingo…4 de agosto de 2019: “LA SABIDURÍA DEL RELOJ”

Si la persona es “yo y circunstancia”, como hemos aprendido de Ortega, es importante la circunstancia que nos toca vivir para crecer como personas y descubrir los caminos de la verdadera dicha.

Entre las “circunstancias” que nos toca vivir, este domingo se nos proponen dos bien importantes: nuestros bienes y nuestro tiempo.

La relación del hombre con sus bienes es uno de los signos más claros de libertad y madurez. Diferentes escuelas filosóficas y religiosas a lo largo de la historia han reflexionado y aconsejado sobre la difícil tarea de gestionar los propios bienes para no quedar ahogados por ellos. También la Biblia habla, y mucho, de esta dimensión; también lo hizo Jesús de Nazaret. De hecho, el consejo evangélico de la pobreza es el resumen de la actitud que Jesús propone al discípulo ante los bienes de la vida.

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