Hacia el Domingo…29 de septiembre de 2019: “LÁZARO, ¿DÓNDE ESTÁS?”

En el lugar más íntimo de los palacios romanos y de cada domus de los ciudadanos acomodados estaba el triclinium, la sala para recostarse a comer. En algunos casos, esa parte estaba en el eje axial que recorría la casa desde la puerta; se podía ver desde la calle, por tanto, a los comensales disfrutando de la compañía y la comida del anfitrión. Desde la calle se podía ver, pero no entrar: una forma muy clara de manifestar el status social de una persona y sus relaciones de clientelismo con sus personas allegadas.

Desde esa imagen, que la arqueología nos ha dejado ver en lugares como Cesarea del mar o Séforis, podemos comprender perfectamente la parábola de Jesús: Lázaro, pobre, a la puerta, sin poder participar del banquete. El rico anónimo, el anfitrión, banqueteando en su triclinium con sus amigos y familiares.

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