Hacia el Domingo…3 de noviembre de 2019: “EL CHICO (II)”.

Bruce Willis vuelve a su infancia para intentar cambiar el pasado y, desde ahí, todas sus consecuencias futuras. Ha conseguido enfrentarse a los matones infantiles, ha vencido la pelea: pero los problemas no se han solucionado.

La clave no está en una pelea; la solución no radica en volver al pasado y cambiarlo. El pasado no se puede cambiar: esta es una de las claves que hacen posible el mensaje realista de la película.

Después de la pelea, su madre, enferma, tiene que ir al colegio para recoger al niño y pedir que no sea castigado. Al llegar a casa, el padre se enfada con el niño: ¡está “matando” a su madre con su comportamiento! El niño recibe, entre gritos, la noticia de la enfermedad de muerte de su madre y, además, el padre lo culpabiliza y le hace una petición: “¡Crece ya, no llores más…!”

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Hacia el Domingo…10 de noviembre de 2019: “EL FUTURO DE NUESTRA CARNE”

Siempre me ha llamado la atención el caso de los saduceos en la religión judía. Eran el partido de los sacerdotes y, pactando con la ocupación romana, eran quienes detentaban el poder frente al pueblo de Israel. Llama la atención esta primera aparente paradoja: los más “religiosos” del pueblo, aquellos que están más cerca del templo y sus ceremonias, son los más unidos al poder pagano y civil, a la ocupación romana.

Por otro lado, los saduceos son los más conservadores entre todas las sectas del judaísmo de su época: se aferraban al pasado, solo reconocían como sagradas las Escrituras más antiguas, los cinco libros de la Ley de Moisés; todo lo posterior, los profetas y los demás escritos bíblicos, eran rechazados por “modernos”, por no remontarse al origen. Debido a ello, las doctrinas que no se pueden remontar a esos escritos tampoco eran aceptadas; por ejemplo, la fe en la resurrección de los muertos. Este “dogma” había sido introducido con posterioridad a la época de Moisés y, por ello, era rechazado.

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