Los esenios de Jerusalén.

Queridos hermanos/feligreses:

Las obras de Santiago siguen esperando.

Pero no quiero dejar pasar mi felicitación de navidad para todos los integrantes de la parroquia, incluídos y sobre todo, los párrocos que han trabajado últimamente y siguen haciéndolo con el denuedo y testimonio de siempre. Especialmente a los que se dedican a la difusión  y pedagogía de la Palabra de Dios desde la Escritura y Ciencias bíblicas, y, a toda aquella persona interesada en estos menesteres- que deberíamos ser todos-.

 

Aquí os remito una traducción de algún reciente artículo que en el Osservatore Romano Diario, aparecieron y que -como otros muchos- quedan desconocidos del público español, a pesar de estar interesado en esos temas, pues no se editan en español.

 

Así que, agradezco a los sacerdotes, catequistas y a quienes me dan a descubrir las riquezas de la Palabra Viva, reconociéndoles el esfuerzo y la  esmerada dedicación que aplican, el tiempo y la generosidad de su enseñanza. El Espíritu sabe mejor que yo quienes son. Muchas Gracias a todos y feliz 2020.

 

Vicente Agustín H. Ruíz Blanco.

Hacia el Domingo…8 de diciembre de 2019: “UNA FIESTA MUY ANTIGUA”

El dogma de la Inmaculada Concepción de María ha sido proclamado por la Iglesia en una fecha muy tardía, en 1854: costó comprender bien el significado de este contenido fundamental del misterio cristiano.

Pero la fe es mucho más antigua. Para el desarrollo de esa fe en la concepción inmaculada fue muy importante la fiesta litúrgica que hoy celebramos. Sus orígenes pueden rastrearse hasta los inicios del siglo VIII, en Oriente, donde se celebraba, el día 9 de diciembre, la “Concepción de Santa Ana”. Sobre el significado de la fiesta  decía San Juan de Eubea: “Si se celebra la dedicación de un nuevo templo, ¿cómo no se celebrará con mayor razón esta fiesta tratándose de la edificación del templo de Dios, no con fundamentos de piedra, ni por mano de hombre? Se celebra la concepción en el seno de Ana, pero el mismo Hijo de Dios la edificó con el beneplácito de Dios Padre, y con la cooperación del santísimo y vivificante Espíritu”.

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