Hacia el Domingo…8 de noviembre de 2020: “LLEGA EL ESPOSO”

Es habitual la comparación bíblica entre la relación del hombre con Dios y el misterio del matrimonio. Ya en los antiguos profetas la alianza es simbolizada con el amor nupcial: Dios es el esposo y el pueblo es la esposa. Esta imagen implica, ante todo, la alegría de la alianza, toda su bondad. La relación con Dios se compara con una de las realidades más hermosas de la vida cotidiana: el banquete de bodas, la unión entre dos personas que se quieren y se vinculan para siempre.

También aparece un matiz menos positivo en esta metáfora: es el profeta Oseas quien primero llama la atención sobre el pecado de infidelidad del pueblo. Si la alianza es una boda, la idolatría es un adulterio: el pueblo no corresponde al amor de Dios. ¿Qué tendrá que hacer el esposo engañado, más aún si este engaño se repite numerosas veces? El ejemplo del matrimonio ayuda a comprender la tragedia del pecado: no se trata de incumplir unas normas, sino de ser injustos con quien nos ama y ser infieles al compromiso que un día realizamos.

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