Hacia el Domingo…11 de octubre de 2020: “TOMÁS Y CARLO”

Ayer, diez de octubre, celebrábamos en nuestra diócesis a nuestro principal patrono: santo Tomás de Villanueva. Nació en el pequeño pueblo de Fuenllana, se crió en Villanueva de los Infantes, ingresó en la orden de los agustinos y fue profesor en la universidad de Alcalá de Henares. Fue elegido obispo de Valencia y allí se convirtió en modelo de cristiano y en obispo ejemplar. Es uno de los signos de la santidad católica en medio de un siglo convulso que vio la ruptura de los cristianos protestantes.

También ayer, la Iglesia universal declaró a un nuevo beato: Carlo Acutis, un joven de 15 años que se convertirá en patrono de internet. Carlo nació en Inglaterra en 1991, pero vivió siempre en Italia y Asís era su ciudad preferida. Compartía pasión, por lo que parece, con el papa Francisco.

Un arzobispo del siglo XVI y un joven del siglo XXI: dos modelos de santidad que nos recuerdan la juventud del Espíritu en todos los tiempos y circunstancias.

Estos dos modelos de fe comparten muchas cosas, a pesar de la distancia en el tiempo y en la edad. Subrayamos algunas de ellas.

Ambos fueron unos apasionados de la Eucaristía. No existe santidad sin ella, no existe verdadero cristianismo. La vida de la Iglesia brota de la Eucaristía y conduce hacia ella. Carlo, desde los once años, se dedicó a investigar los milagros eucarísticos de la historia y creó una página web para difundirlos. En el Seminario de Ciudad Real, hace dos años, se pudo visitar una exposición que resumía el trabajo del nuevo beato.

Tal era su amor por la Eucaristía que consiguió que su madre, cristiana nada practicante, se convirtiera y llegara a estudiar teología. Me pregunto si muchos jóvenes, que se sienten raros porque van a misa a diferencia de sus amigos, no deberían sentirse misioneros de la presencia del Señor, como Carlo. Frecuentar la Eucaristía no es una rareza: es un regalo que se convierte en misión.

Santo Tomás y el Beato Carlo también compartieron el amor por la vida sencilla. La santidad está en lo pequeño, en la vida cotidiana. Las luchas más importantes son las que uno realiza consigo mismo para amar a los demás y saber encontrar a su prójimo en las personas que Dios pone a nuestro lado. Los santos no son personas lejanas del pasado, estatuas rodeadas de trajes extraños y con nimbos dorados detrás de la cabeza; son como nosotros, muy humanos, solo que se han tomado en serio la presencia de Dios en sus vidas.

Ambos son también modelo de caridad. Santo Tomás es representado dando limosna a los pobres; Carlo se esforzaba por ayudar a los sin techo que veía cada día en su camino. La santidad es amor efectivo, cercanía a los que nadie se acerca, trato humano que dignifica a los últimos.

“La fe, sin las obras, está muerta” decía Santiago en los comienzos de la Iglesia. Los espiritualismos y fundamentalismos serán siempre una tentación de los creyentes: el otro siempre nos despierta de una fe falsa y autocomplaciente.

Por fin, digamos que el santo y el beato compartieron la búsqueda de la vocación. Santo Tomás fue sacerdote agustino, obispo de Valencia después. Carlo creyó que el Señor le llamaba al sacerdocio, pero no vivió para poder llegar a ser servidor de la Eucaristía para los hermanos. Su madre dice que Carlo está ejerciendo su ministerio desde el cielo.

También en esta dimensión son modelo para los jóvenes y los menos jóvenes: ¿qué quiere Dios de mi vida? ¿De qué forma quiere que me sitúe ante la Eucaristía? La vida es vocación, el cristianismo es búsqueda del lugar donde Dios quiere que entregue la vida, búsqueda de un lugar a la mesa, para servir como el Maestro.

Con quince años, Carlo tuvo tiempo para ser santo. Vivió la fe y el amor como un joven italiano de su tiempo, pero tocado por el amor a Jesús de Nazaret y la sensibilidad hacia quienes le rodeaban.

También hoy, también de Ciudad Real, pueden surgir santos que den luz en medio de tanto desconcierto.

Manuel Pérez Tendero