Hacia el Domingo…17 de mayo de 2020: “PARÁCLITO”

Una de las promesas que dejó Jesús de Nazaret a sus discípulos antes de morir fue el envío de un “Paráclito”. Hasta cinco veces lo repite en su último discurso, antes de ser arrestado en Getsemaní.

Las cartas de Juan, escritas un poco tiempo después del evangelio, también hablan de esta figura enigmática. Normalmente, se identifica, sin más, a este Paráclito con el Espíritu Santo y, de esta manera, nos quedamos tranquilos y se cierran todas las posibles vías de profundización en su significado.

¿Cómo se debe traducir la palabra griega “paracletos”? San Jerónimo, en la Vulgata, optó por no traducir el término en el evangelio según san Juan, sino trasliterarlo al latín como “paracletos”; en cambio, en las cartas, se atrevió a traducirlo como advocatus (“abogado”), en el sentido de “abogado defensor”.

¿Qué alcance tiene esa promesa de Jesús a los suyos? ¿Se ha cumplido, tenemos experiencia de ello?

Quizá, el primer significado sea el de “sucesor”. Con el envío del Paráclito, Jesús quiere dejar claro a sus discípulos que, con su muerte, no los va a dejar abandonos, huérfanos, a sus solas fuerzas. Con su resurrección, también subrayan los evangelistas la presencia misma de Jesús entre los suyos. ¿Ha cumplido el Mesías su promesa? ¿Vivimos un cristianismo acompañado por las fuerzas del bien, por un Dios que nos cuida y no nos deja de la mano?

Los textos de san Juan dicen, es verdad, que el mundo no puede comprender todo esto y no puede recibir al Paráclito; pero, ¿la comunidad creyente lo recibe y lo vive? Cuando llegan tiempos de profunda dificultad, por la enfermedad, por la incertidumbre ante el futuro, por los juegos de poder, ¿nos fiamos de las palabras de aquel judío que murió por amor en una cruz a las puertas de Jerusalén? ¿Es real su compañía, su presencia entre nosotros?

El Paráclito sería el “amigo”, el “valedor”, aquel que no nos deja solos ante la dificultad, como el buen pastor cuando llega el lobo. ¡Cuántos lobos visitan el rebaño! Si el pastor no está, sin no vemos al amigo, ¿cómo no sucumbir al temor?

El segundo significado de “paráclito”, como hemos dicho, es el de defensor. Defensor como aquel que nos da fuerza ante la dificultad, pero también defensor en sentido jurídico. En las bienaventuranzas, el Maestro ya había proclamado dichosos a “los que tienen hambre y sed de la justicia”. Además de dolores y temores, ¿no estamos rodeados de acusaciones falsas, de medias verdades que son utilizadas para destruir a las personas y sus proyectos? ¿Triunfará la injusticia y las componendas del poder, o habrá un valedor de la justicia que haga resplandecer la verdad?

Esta es también misión del Paráclito. Creemos, por tanto, que si Jesús lo ha prometido actuará y vencerá. No sabemos cuándo, ni de qué manera: pero la manipulación no será la última palabra nunca. Confiamos en la justicia, porque el Paráclito es testigo y abogado fidedigno y poderoso.

Paráclito significa, literalmente, “aquel que es llamado junto a”, en sentido pasivo; y “aquel que llama junto a”, en sentido activo. El primer sentido tiene que ver con lo dicho sobre el abogado defensor. El segundo sentido tiene que ver con la labor de un intercesor: hay alguien que se preocupa por nosotros, que intercede ante Dios, que ruega ante nuestros sufrimientos. Son muchos los hermanos que, en estos días de pandemia, están rezando unos por otros; debajo de tanta preciosa súplica está la oración del Paráclito: en sus labios están todos nuestros nombres, él le está hablando a Dios, a cada instante, de nuestros sufrimientos e inquietudes.

Paráclito, por fin, significa también aquel que consuela a sus testigos y les da fuerza para no dejar de hablar en nombre de Jesús. En toda circunstancia, la misión que Jesús nos ha encomendado continúa: el Paráclito lo hace posible. Él suscita valentía en nuestros miedos y palabras con una fuerza a quien ningún adversario puede derrotar.

Necesitamos ayuda… Tenemos un Paráclito.

Manuel Pérez Tendero