Hacia el Domingo…23 de febrero de 2020: “LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO”

El día veintidós de febrero, ayer, la Iglesia celebraba la fiesta de la Cátedra de san Pedro. En medio de la vorágine del Carnaval, es posible que esa fiesta haya pasado desapercibida para la mayoría. Es más, aún no coincidiendo con el Carnaval, seguramente es una fiesta poco significativa para los mismos cristianos. En el fondo, ¿qué celebramos? Ni siquiera se trata de un santo por el que podamos tener más o menos devoción, sino de un lugar: el asiento de san Pedro, en Roma. Pero es algo mucho más importante que un lugar físico: se trata de una dimensión fundamental del cristianismo que hunde sus raíces en las Escrituras: la misión de Simón-Pedro en la Iglesia.

Se trata de un tema delicado, porque es una de las cuestiones que más nos divide a los cristianos: los no católicos no aceptan, al menos en las actuales circunstancias, la forma en que la Iglesia vive esta misión del sucesor de Pedro. Se trata de un problema ecuménico fundamental.

Pero creo que ha sido siempre, –y hoy lo es de forma especial– un tema importante en el interior mismo de la Iglesia católica. Son tres los textos bíblicos que nos recuerdan tres escenas en las que Jesús designa a Simón para una misión especial: san Mateo lo sitúa a mitad del ministerio, en los alrededores de Cesarea de Filipo, cuando Simón confesó su fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios. San Lucas, en cambio, sitúa en la última cena, justamente cuando se anuncian las negaciones de Simón, el papel importante de este apóstol para sus compañeros: “He rezado por ti; cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos”. San Juan, por fin, relata una escena de encuentro entre Jesús resucitado y Simón-Pedro, con tres preguntas que superan la triple negación: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?… Apacienta mis ovejas”.

La base bíblica de la primacía de Pedro es, por tanto, innegable: va más allá de estos tres textos y aparece también cuando se habla de los comienzos de la Iglesia primitiva.

Pero, como toda verdad, la misión de Pedro en la Iglesia es importante, no solo que la conozcamos y la defendamos, sino que la vivamos. La actualidad de esta fiesta, su importancia para la Iglesia presente y sus rumbos de futuro, creo que es fundamental.

Jesús no fundó su Iglesia sobre una ideología o unas normas de conducta. En el cristianismo, prevalece lo personal. Cuando los tiempos son oscuros, cuando todo tipo de niebla desdibuja la fe o la misión, el Señor no nos pide que repasemos unas ideas, sino que miremos a Pedro: porque Jesús, en persona, conduce a su Iglesia.

Son muchas las interpretaciones del cristianismo que han pululado en la historia; muchas de ellas, lícitas y enriquecedoras; otras, no tanto: han provocado división y han tergiversado la verdad del Evangelio. Para discernir tantos reclamos, la Iglesia siempre ha estudiado, ha profundizado en su fe; pero, ante todo, ha sido fiel a su tradición y se ha fijado en Pedro.

Hoy son también numerosos los reclamos y muchos los acentos que se van poniendo a la fe cristiana. Algunos de ellos, por cierto, presentados desde la prepotencia en las formas y la falta de hondura en los contenidos. Algunos, incluso, no mirando precisamente a Pedro ni a su cátedra. No es un problema secundario: necesitamos discernimiento y Pedro es la clave.

Por otro lado, en la escena de san Mateo, Jesús llama “Piedra” a Simón porque este, por gracia del Padre, conoce a Jesús plenamente. Ahí está la otra clave del discernimiento: la correcta comprensión de Jesús de Nazaret y su protagonismo en todo lo cristiano. Cuando otras personas o ideas que no son Jesucristo, aunque sean sublimes y santas, lícitas y enriquecedoras, se colocan en el centro de la fe, el cristianismo se pervierte.

Pedro confesando a Jesucristo: ahí está  la clave, ahí está la cátedra. Tenemos necesidad imperiosa de discernir, porque son muchos los ruidos con los que unos y otros nos quieren seducir.

Manuel Pérez Tendero