Hacia el Domingo…27 de octubre de 2019: “EL CHICO (PRIMERA PARTE)”

Encuentro formativo, propuesta de “cine-fórum”: The Kid. Todos pensamos en la antigua película de Charles Chaplin, pero se nos proponía ver y comentar una película homónima más moderna, del año dos mil, con Bruce Willis como protagonista.

Los comienzos, incluyendo el nombre de la productora, parecían vaticinar una película infantil. Este es, quizá, el primer atractivo que tuvo para mí: no se trataba de una película pretenciosa, “de autor”, que intenta transmitir filosofía, o realidad cruda y te mantiene en tensión en tu asiento durante interminables minutos. Estábamos viendo una película sin pretensiones, para pasar un rato agradable. Tenía sencillez, momentos de sonrisa y risa, instantes de ternura.

Se trata de un cuento, o una parábola. Así ha de ser interpretada, y ahí está su riqueza. Es la historia de un hombre que va a cumplir cuarenta años y ha llegado a la cima de su carrera como asesor de imagen: manda a los demás lo que tienen que hacer para conseguir sus fines a través de una imagen pública atractiva. Tiene éxito y dinero, pero no tiene amigos, es prepotente con su secretaria. En el fondo, él vive feliz, seguro de sí mismo; con una diminuta excepción: tiene un tic en el ojo izquierdo.

En un momento de su vida, empieza a ver un avión rojo que se cruza en su camino y, sobre todo, llega la presencia de un niño que está a punto de cumplir ocho años. Desde el principio, se nos dice, con humor y ternura, que ese chico es él mismo en su infancia.

El protagonista ve todo esto, en primer lugar, como un problema. Necesita solucionarlo rápido; por ello, acude a la psiquiatra; no para iniciar ninguna terapia, sino para conseguir una pastilla eficiente que haga desaparecer los síntomas, las alucinaciones. En el fondo, toda la película es esa terapia que él no ha querido llevar a cabo con la psiquiatra: dice no tener tiempo para hacerlo y, además, no está dispuesto a hurgar en su infancia, que está “donde debe estar”: en el pasado, en el olvido.

Pero el niño no es una alucinación, sino una presencia real que también los demás pueden ver. El problema ha pasado de lo psicológico a lo práctico: ¿qué hacer con este chico? ¿Cómo devolverlo a su tiempo?

La película nos muestra cómo el protagonista desprecia al niño por gordo, descuidado, llorón… patético. En el fondo, su vida ha consistido en intentar ser lo contrario a lo que este niño representa. Existe una ruptura absoluta entre lo que el menor sueña y es y lo que ha conseguido de adulto: no tiene perro, ni es piloto, ni ha fundado una familia; el niño se ve en el futuro como un fracasado. En cambio, desde el futuro, se ve como un triunfador, en la cúspide del éxito y el bienestar. Vienen a la memoria las palabras de Jesús en el Evangelio: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si arruina su vida?”.

Creo que hay dos momentos clave en la película. El primero es en la noche en que el protagonista busca ayuda a la periodista que conoció al principio de la película y a la que ayudó, con desgana, con sus consejos en el avión. No sé si el director lo ha pretendido, pero la película me recuerda mucho a la perspectiva de “Qué bello es vivir” y esta mujer, que pidió ayuda y ahora es ella quien ayuda, tiene reminiscencias de Clarence, el ángel que salva a George en la película de Capra.

Por fin, nuestro protagonista se deja ayudar: pedir consejo a la periodista le lleva a pedir ayuda al niño. Él no tiene la solución para sus problemas, debe abrirse a los demás. Comienza, entonces, la búsqueda frenética de ese momento clave de la infancia en que cambió su vida para siempre e hizo surgir el tic. Juntos, viajan al pasado, al tiempo del niño en el día de su octavo cumpleaños.

¡Por fin se acuerda del “trauma” que lo originó todo! Fue la pelea con unos niños abusones por defender a un perro cojo. En esa pelea, quedó humillado y se convirtió en un “pringao” para siempre. A partir de ahí, intentó superar sus complejos a través de los estudios y el éxito. Su vida parace haber sido una “huída hacia el éxito” por escapar de aquel momento que destapó todos sus miedos.

Necesita cambiar ese momento de su pasado para arreglar todo lo que ha configurado su presente. Cambiar el pasado: ¿es esta la clave? ¿Es posible? ¿No habrá errado en la interpretación del problema y su solución?

Manuel Pérez Tendero