Hacia el Domingo…3 de enero de 2021: “DE LA MANO DE MARÍA”

Ha comenzado un año nuevo. Casi todo el mundo habla de esperanza, frente a lo vivido durante el año que se va.

Todo tiempo que llega puede venir cargado de sorpresas, muchas de ellas positivas y reconfortantes; pero es cierto también que, todo lo que llega, tiene que ver con lo que hemos sembrado en el pasado. El año nuevo puede traernos las consecuencias de aquellas decisiones que hemos tomado en el año que se va. Los esfuerzos de investigación nos han traído una vacuna; se han realizado muchos otros esfuerzos que también traerán sus frutos. La forma de afrontar la pandemia y todas las dificultades traerán consecuencias en el año nuevo. El año que pasa no se va en el vacío, ningún tiempo lo hace: sigue vivo en el futuro, ha sido siembra que está llamada a germinar y regalarnos sus frutos.

Como cada año, los cristianos le proponemos al mundo afrontar el año desde el misterio de la mujer: María de Nazaret. Ella es modelo de humanidad, camino cierto de una vida con sentido y con futuro.

Dios y la humanidad trabajando juntos para dar el mejor fruto para el mundo: ese es el misterio de María. La fecundidad humana es elevada hasta sus más altas posibilidades: engendrar a Dios mismo entre nosotros. El que todo lo puede nos ha hecho poder algo imposible para el hombre: parir a Dios entre sus criaturas.

Desde ahí, todo se hace posible: la maternidad virginal de la doncella de Nazaret es el signo de una humanidad plena. Nuestra libertad herida se libera para poder decir sí a todo lo bueno; nuestro cuerpo frágil se llena del Espíritu eterno de Dios; nuestra pequeñez más escondida se convierte en hogar para Aquel que todo lo llena; nuestro lenguaje limitado queda ungido y bendecido por la presencia de la Palabra.

Maternidad virginal: la paradoja es el signo del misterio de Dios, del misterio de la vida y del hombre.

El papa Francisco ha querido que este sea el Año de san José. ¿Qué fue José sino el fiel custodio de esta maternidad que le desbordaba? Este año es tiempo propicio para descubrir el misterio del varón desde las claves de la mujer de Nazaret. Amar es cuidar, amar es servir, amar es vincular la propia vida a otra persona para buscar su bien, para que pueda cumplir su misión y hallar la felicidad. Amar es mirar a otro desde el corazón; mirar, salir de uno mismo: el amor tiene que ver con el sentimiento y con la voluntad, pero es, ante todo, relación.

La tarea de José consistió en amar a María; su vocación fue hacer posible que la amada viviera en plenitud su vocación. La virginidad de María configuró el amor de José, su tarea de madre configuró su misión como padre.

Seguramente, no es este el modelo de varón que la sociedad nos propone en la actualidad; como tampoco es María el modelo de mujer que hoy se contempla, incluso entre aquellos que la veneran con mucha devoción en su religiosidad.

Los creyentes estamos convencidos de la sabiduría que destila el Evangelio; una sabiduría que no es intelectual y teórica, sino vida concreta que algunos se han atrevido a gustar. Entre ellos, como nadie, María; de su mano, a su vera, el justo José.

¿Además de buenos deseos, nos atreveremos a proponer modelos para el año nuevo? ¿Sigue siendo el cristianismo una propuesta de vida, un estilo de afrontar, día a día, las alegrías, las dificultades y los retos?

Vivir bajo el signo de María, la mujer virgen y madre: ese es el deseo de los cristianos para el año nuevo.

María es modelo y es también ayuda: ella acompaña nuestros días y lucha por nuestro bien. También José, esposo resucitado, intercede por nosotros y llena de la fuerza de Dios nuestros días y sus tareas.

¡Feliz año de san José! ¡Feliz año, siempre, de María! Felices frutos.

Manuel Pérez Tendero