Hacia el Domingo…3 de mayo de 2020: “COMO OVEJAS CON PASTOR”

Ya no quedan muchos pastores en nuestros pueblos; pero todos conocemos su tarea y sabemos hacernos una imagen de su silueta en medio del rebaño. Sigue siendo muy apropiada la imagen del pastor para expresar la relación entre los dirigentes y su comunidad. Es una imagen bíblica, del Antiguo y del Nuevo Testamento; pero es también una imagen de la literatura del Oriente Antiguo, en las primeras civilizaciones de la humanidad.

En la antigüedad se aplicaba la imagen del pastor, ante todo, a los dirigentes del pueblo. Hoy también podríamos realizar la misma aplicación. En Israel, esos dirigentes son también los profetas y los sacerdotes, no solamente los reyes y sus gobernadores.

Jesús de Nazaret ha sido, posiblemente, quien mejor ha sabido hablar del pastoreo y quien mejor ha vivido en sus propias carnes la tarea del pastor. Él nos ha dado unas claves para distinguir a los verdaderos pastores de los falsos, los asalariados.

Una característica del buen pastor, el verdadero, es que no huye cuando llega el lobo. Ante las dificultades, sabe estar ahí, defendiendo al rebaño. El asalariado, como trabaja solo por el sueldo, como no le importan las ovejas, abandona el redil cuando llegan las dificultades.

Otra caracterísitica del buen pastor es que conoce a sus ovejas y las ovejas le conocen a él. El dirigente verdadero no es aquel que dicta normas desde su despacho, o el que intenta imponer sus ideas sin tener en cuenta lo que piensa y sufre su pueblo. Además de estar al servicio del puro dinero, como los asalariados, otros pastores pueden estar al servicio de la sola ideología: no les importa la gente, sino sus propios proyectos; no les importa el sufrimiento del rebaño, sino mantenerse en el poder.

Conocer a las ovejas: no es lo mismo escuchar una voz amiga, aunque sea exigente, que oír consejos de un extraño. La autoridad del pastor se fundamenta muy especialmente en su cercanía al rebaño: el conocimiento mutuo, dedicar tiempo a estar juntos, es fundamental para crear el clima humano que hace posible, y hasta fácil, la obediencia.

Dicen los psicólogos que el bebé, ya desde el seno materno, se acostumbra a oír la voz de su madre y se cimienta, de esta manera, una relación profunda que durará siempre.

Algo parecido nos sucede a los creyentes con la voz de nuestro Dios: él lleva hablándonos durante siglos; su eco sigue resonando en la historia, en las personas, en la Biblia; pero, si no hemos oído mucho su voz, si no sabemos reconcerla, no seremos hijos que desde niños acogen el cariño materno, sino adolescentes rebeldes que solo ven normas en la palabra de los padres.

Reconocer la voz, conocer los rostros, escuchar el corazón de los otros: sin esta base humana es muy difícil que se construya una comunión en el rebaño.

En tiempos dífíciles, como los que estamos viviendo ahora en todo el mundo, se manifesta la calidad de los pastores y su capacidad para dirigir al rebaño y preocuparse por él.

“Estar como ovejas sin pastor” fue algo que Moisés no quiso para su pueblo en el desierto, y por eso nombró a Josué como sucesor suyo. “Como ovejas sin pastor” vio Jesús a la masa de Galilea y, por eso, se puso a enseñarle muchas cosas y decidió elegir a Doce para acompañar su pastoreo.

Este domingo la Iglesia nos propone el evangelio del buen Pastor. Nos ayuda a discernir si estamos siendo buenos pastores todos los que tenemos cierta autoridad; nos ayuda a aprender de él a ser, cada día, mejores pastores.

Nos ayuda y nos empuja, también, a desear que nunca falten pastores de los que Jesús habla, que se parezcan a él. Que no falten entre nuestros dirigenes políticos; que no falten, nunca, en el corazón de nuestra Iglesia.

Entregados, no asalariados; conocedores del rebaño, no alejados; dispuestos a dar su vida, como hizo el supremo Pastor.

Manuel Pérez Tendero