Hacia el Domingo…4 de octubre de 2020: “DECÁLOGO DE LA PANDEMIA”

Se ha dicho muchas veces que la incertidumbre es el principal estado de ánimo de la humanidad en estos tiempos de pandemia. Esta incertidumbre está causando diversos tipos de problemas en muchas personas; las secuelas de esta situación no son solo físicas.

¿Qué hacer ante esta avalancha que nos desborda? No es fácil acertar en la vida, menos aún cuando la inseguridad nos habita en el presente debido a la incertidumbre ante el futuro. Se me ocurre pensar que, aunque poco, todos podemos hacer algo para colaborar al bien en estos tiempos de sufrimiento global.

Desde la famosa codificación de Moisés en el Sinaí, el decálogo es un buen medio para enumerar principios y leyes que nos ayuden a afrontar el camino. Comparto, por tanto, un pequeño decálogo que me recuerda algunas cosas que puedo hacer en esta situación.

  1. Actuar con sensatez. Se trata de ser cuidadosos y, para ello, cumplir las prescripciones que nos marcan aquellos que tienen la responsabilidad sanitaria. Somos responsables unos de otros.
  2. Que el miedo no nos paralice. Cuando la incertidumbre se convierte en temor, la libertad personal se resiente y nuestra capacidad de respuesta queda menguada.
  3. Mantenernos despiertos. El miedo es el mejor instrumento para dominar a las masas y controlar su libertad. Son muchos los que aprovechan esta situación con fines políticos y como medio para detentar un poder mayor sobre las personas y sus conciencias; la sanidad puede convertirse en una excusa razonable para controlar a la población. Enfermos o sanos, somos ante todo personas libres. No vendemos nuestra conciencia al precio de una promesa de bienestar.
  4. Ayudarnos en lo concreto. Tal vez no podemos solucionar el problema del virus, pero podemos ayudar a aquellos que sufren sus consecuencias y están a nuestro lado. La pregunta evangélica de “¿quién es mi prójimo?” resuena ahora con toda su fuerza.
  5. Usar el teléfono. El confinamiento, las cuarentenas… hacen más difícil la presencia. Pero tenemos medios para estar en contacto: el teléfono, internet… Aprovechar estos medios para el bien, no para aislarnos en juegos vacíos, sino para comunicarnos y llenar otras vidas con nuestro cariño. Fomentamos la unidad en una sociedad que optó hace tiempo por el individualismo.
  6. Valorar el trabajo de los demás. Más allá de aplausos y celebraciones de un instante, estar cerca de los trabajadores de la salud y de todos aquellos que hacen posible que la vida continúe.
  7. No olvidar a los débiles. En la pandemia, como en cualquier crisis, como en todos los momentos de la historia, los que más sufren son siempre los mismos: los más pobres y pequeños; sobre todo, aquellos que son tan débiles que ni siquiera salen en nuestras pantallas.
  8. La fuerza de la oración es siempre enorme. Dios está presente en cada momento de la vida, en todos nuestros gozos y sufrimientos. Rezar por los que sufren, por los que se esfuerzan, por los que mueren, por los que deben tomar decisiones, por nosotros mismos. Dejar que Dios tome posesión de todo lo que vivimos para que lo transforme en bendición.
  9. Hemos de preguntar qué significa todo esto, si estamos acertando en las decisones que tomamos, si no habremos de hacer ciertos cambios en nuestra forma de vivir y de relacionarnos, en la jerarquía de nuestros valores.
  10. Alimentar la esperanza. Cuando oramos, cuando ayudamos, cuando no dejamos que nos venza el miedo y el egoísmo, cuando nos mantenemos libres frente a las ideologías, el camino se despeja poco a poco y podemos compartir nuestra esperanza con aquellos que nos rodean.

Manuel Pérez Tendero