Hacia el Domingo…5 de julio de 2020: “ENCONTRAR NUESTRO DESCANSO”.

Nuestra semana de siete días, de tradición bíblica, se orienta hacia el sábado, el día séptimo, el día del descanso. El ritmo trabajo-descanso marca la vida y la religiosidad del israelita. Es tan importante este descanso para humanizar nuestra vida que aparece entre los diez mandamientos principales de Dios.

La Biblia nos ofrece una doble motivación para este mandamiento del descanso semanal: Dios también descansó de su obra creadora el séptimo día. Es decir, descansando, hacemos que nuestro trabajo se vincule al Dios creador, nos sabemos colaboradores de su obra, partícipes de la construcción de un mundo bueno y ordenado.

Una segunda motivación, recordada en el libro del Deuteronomio, es la salida de Israel de Egipto: descansar un día a la semana es memoria de liberación; Israel estuvo trabajando en Egipto como esclavo, pero Dios lo liberó y lo llevó a la Tierra Prometida, lo introdujo “en su descanso”. En la Tierra se descansa del largo camino del éxodo por el desierto y, sobre todo, se descansa de un trabajo que oprime. El descanso, por tanto, tiene que ver con la libertad, con la realización de un trabajo que no sojuzga, sino que realiza al hombre.

Gracias a los avances de la técnica hemos multiplicado nuestros tiempos de ocio y esparcimiento; pero, ¿hemos encontrado nuestro descanso? ¿No está el hombre actual agobiado y necesitado de paz y sosiego? ¿No estamos oprimidos por el exceso o la falta de trabajo, por una actividad que se ha deshumanizado y no brota de nuestra libertad?

A veces, pienso que nuestro ritmo de vida se parece mucho a una semana alargada en la que no parece llegar el séptimo día. ¿No es esta, también, la experiencia de la vida entera de muchas personas?

Jesús de Nazaret nos ofrece su camino: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. El descanso tiene que ver con la mansedumbre y la humildad.

Ya había dicho antes, al comenzar el discurso del monte, “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”. De nuevo, la relación entre el descanso y la posesión de la Tierra Prometida.

El descanso, por tanto, es fruto de la humildad, es un privilegio de los sencillos. La soberbia, los deseos de triunfar por encima de todo, tomarse la vida como competición en la que solo cabe la victoria sobre los demás; todo ello, nos impide descansar, ser libres, humanizar nuestra existencia, vivir felices.

También lo dijo Jesús de Nazaret en otro lugar: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?”. ¿No nos han enseñado que esa es nuestra tarea, conquistar el mundo, triunfar? ¿No nos habrán engañado y nos habrán mostrado un camino que, en el fondo, no nos gusta? Esforzarse, trabajar, intentar mejorar… todo ello es camino humano: son los seis días primeros de la semana; pero necesitamos esa dimensión “sabática” de la vida, el reposo profundo, la libertad verdadera; necesitamos espacios para el encuentro, para la gratuidad.

Junto a la clave de la humildad, Jesús de Nazaret nos ofrece otra clave para encontrar el sábado de nuestra semana y el descanso de nuestras vidas: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Nuestro sábado pleno es una persona.

Si el sábado es espacio para el encuentro, para la gracia, su clave está en las relaciones personales, en encontrar a aquel que da reposo a nuestras luchas y apacigua nuestras inquietudes. Jesús es la tierra prometida hacia la que nos encaminamos, él es buen pastor que nos conduce hacia fuentes tranquilas y repara nuestras fuerzas. Él, humilde y manso de corazón, se ha acercado a nuestras vidas para que encontremos nuestro descanso. San Agustín lo expresó como pocos desde su propia experiencia: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestra alma no hallará reposo hasta que no descanse en ti”.

Manuel Pérez Tendero