Hacia el Domingo…7 de junio de 2020: “SOMOS RELACIÓN”

Una de las principales lecciones que hemos aprendido en estas semanas de confinamiento es que somos relación; necesitamos comunicarnos. Amigos que llevaban meses sin hablar se han puesto en contacto telefónico estos días para charlar, sin más. También lo han hecho los miembros de muchas familias que vivían separados por la geografía.

Es cierto que no sé si este aprendizaje se guardará profundo en la memoria. No sé si será efímero o dejará su huella en nosotros y cambiará un poco nuestra forma de afrontar la vida. Porque es cierto que, una vez que la actividad se recupera, el diálogo va decreciendo y el teléfono ya no suena como antes.

¿Será que solo aprendemos cuando nos vemos n7cesitados? ¿Es necesario experimentar nuestra debilidad para descubrir nuestras grandezas más humanas? El amor, la preocupación por el otro, no suele estar presente en nuestra agenda cotidiana.

La Iglesia recuerda hoy el misterio de la Trinidad. Jesús de Nazaret nos ha regalado su experiencia de Dios y nos ha permitido entrar en el misterio del amor. Dios es relación, por eso todo el ser es relación: desde la física cuántica hasta nuestros encuentros personales.

El amor no es un adjetivo que nos llena el sentimiento cuando estamos aburridos: el amor es la causa por la que existimos y es la tarea de la vida. Por eso, el origen principal de todos los problemas del hombre está en la falta de amor, en la ruputura de la relación, en la anulación de la persona.

Lo pueden comprobar nuestros psicólogos, día a día, en sus despachos: aquellas personas que no se han sentido amadas desde la infancia, aquellos que no han experimentado un amor gratuito, un amor que les precede, es más difícil que encuentren un equilibrio emocional y unas relaciones felices. Todo se puede sanar, pero es importante construir bien desde el principio. Antes de nuestra propia conciencia existe el amor, antes del razonamiento, antes del despliegue mismo de nuestra libertad. Por eso, nuestra conciencia –psicológica y moral– crece sana cuando hemos sido queridos, nuestro razonamiento es limpio y nuestra libertad se desarrolla cuando están cimentados en la experiencia del amor de los otros.

Ser amados es la base de la vida y aprender a amar es su tarea más apasionante. Así está hecho el hombre, no podemos cambiarlo. Podemos vivir en la mentira, podemos reducir el amor a sentimiento o pervertirlo y transformarlo en posesión: no seremos felices, no seremos nosotros mismos.

Así está hecho el hombre porque hemos sido creados “a imagen y semejanza de Dios”. Él es amor: el amor es el tejido que nos constituye.

Dios es comunión: es uno y es amor, es tres personas en una sola unidad. Quizá, la gran tarea del ser humano sea aprender los caminos del verdadero amor: compaginar la diferencia y la comunión, parecernos realmente a Dios, que es uno y es tres. La ruptura puede venir por ambos extremos: negar la diferencia o negar la comunión.

La tendencia inmediata del ser humano es siempre simplicar para solucionar, olvidar el misterio de las cosas, obviar los matices. Los sabios, los que han hecho avanzar la sociedad, han sido siempre personas con hondura que han sabido escuchar más allá de sus primeras impresiones, que han sabido integrar.

Esos son, también, los “sabios del día a día”, que van sosteniendo nuestras familias y van haciendo posible la comunión en un mundo que se está acostumbrando a hablar solo de violencia y ruptura. No abundan las “buenas noticias”.

Hoy, la Iglesia se atreve a proclamar una buena noticia de fondo, que todo lo sostiene: somos comunión, el amor siempre tendrá la última palabra. Dios, el todopoderoso, es comunión y sigue trabajando entre nosotros por los caminos de la relación.

Manuel Pérez Tendero