CORAZÓN Y LABIOS

A penas un palmo: es la distancia entre los labios y el corazón. Pero, a menudo, ¡qué lejanas están las palabras que pronunciamos de los sentimientos que las generan! La verdad tiene mucho que ver con la adecuación entre los labios y el corazón, entre las palabras y el pensamiento. Normalmente, la verdad se corresponde con el interior, y es el exterior lo que revestimos de mentira y simulación. Normalmente, son los labios y no el corazón el órgano de la mentira.

El amor, la economía, la religión, las relaciones humanas, todo nuestro ser está tentado de mentira. A veces, utilizada como una supuesta arma defensiva para proteger nuestro ser más íntimo. La verdad tiene que ver con la transparencia, con la sencillez, con la veracidad de nuestras palabras y gestos que brotan, frescos, de nuestro corazón abierto. Cuando esto sucede, es posible la alegría y es fácil construir el amor. Pero nos hace más vulnerables y, por ello, los miedos dificultan a menudo nuestra sinceridad.

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DOS ASAMBLEAS

Tel Balata son unas ruinas que casi nadie visita. Perdidas en la actual ciudad de Nablus, son los restos de la antigua y noble ciudad de Siquem. Pocos son los peregrinos que se adentran por las tierras de Samaría. Alguno, si tiene tiempo para hacerlo, se concentra más bien en el pozo de Jacob, que trae recuerdos neotestametarios de una mujer que se encontró con Jesús y descubrió la sed.

El olvido de Siquem, acrecentado por la situación política de Palestina, tiene que ver con la omnipresencia de Jerusalén como ciudad estrella de los tiempos bíblicos. Pero, al principio, no era así.

Jerusalén era una ciudad cananea, jebusea. Solo con David se convierte en capital del reino y, más tarde, en ciudad santa. Estamos en torno al año mil antes de Cristo. Pero Israel nació antes. En la época de los patriarcas, en el éxodo, en los años de la conquista y los Jueces, en los comienzos de la monarquía con Saúl, Jerusalén existe pero como ciudad extranjera.

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