Desde Ballesteros a Omura

Creo que existen cerca de cuatro mil islas en Japón. En Tacaxima, un islote deshabitado de la zona de Omura, el jueves, uno de junio, tres hombres son decapitados. Uno de ellos era manchego. Hace ahora cuatrocientos años.

Fernando de Ayala nació en la villa de Ballesteros de Calatrava, en el corazón de una familia de apellido y pasado noble, pero de presente campesino. El niño queda huérfano y debe marchar con un tío suyo a Marchena. Allí, decide consagrarse a Jesucristo e ingresa en los agustinos de Montilla. Para poder entregarse mejor, es enviado a estudiar a la universidad de Alcalá de Henares, y empieza a ensayar como profesor de filosofía y teología. Pero llegan noticias enjundiosas desde Filipinas: hacen falta misioneros para trabajar tanta mies recientemente sembrada.

La entrega religiosa se convierte en camino misionero. Fernando se embarca para Méjico. Desde allí, partirá para Filipinas.

Antes, Fernando deja Alcalá y se dirige a Ballesteros: quiere despedirse y dejarlo todo aquí, también su apellido: será, a partir de entonces, fray Fernando de san José.

Cuando esté a punto de morir, este agustino inquieto se preguntará mucho por los motivos. Supongo que también analizaría sus motivos en aquel momento de su juventud: ¿por qué dejar su patria y su futuro para embarcarse hacia la aventura y lo desconocido? ¿Por qué despedirse para siempre de todo lo que conocía y le había hecho feliz?

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RECUERDA…en el mes de JUNIO de 2017

Todos los días:

8:30 h. Laudes

Todos los jueves:

8:00 h. a 12:30 h. Exposición del Santísimo

20:00 h. Oración Comunitaria

Todos los viernes:

20:00 h. Vísperas con las Hermandades

Despacho parroquial:

De 19:45 a 20:30 h.

Confesiones:

Todos los días media hora antes de la Misa.

Arrodillados en el Monte.

En la escena final de su evangelio, la más solemne, san Mateo nos presenta a los Once discípulos frente a Jesús resucitado. Las mujeres les habían dicho que vivía y que debían encontrarlo en Galilea.

Nada más verlo, lo adoran, se postran: reconocen una presencia divina en este amigo que ha caminado tantas leguas en su compañía.

La mayoría de nuestras biblias nos dicen que “algunos dudaron”. Al parecer, todos adoraron, pero no todos lo hicieron con seguridad. ¿Cuántos dudaron?

En el texto griego original no tenemos ninguna palabra que signifique “algunos”. El texto dice, sin más: “pero ellos dudaron”. No dudaron algunos, sino todos, los Once. Ha sido la dinámica de los discípulos a lo largo de todo el evangelio: Jesús les ha llamado a menudo “hombres de poca fe”. El discipulado es un camino, y aún no ha terminado.

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