Recuerdo vivo

Cuando se cumplen quinientos años de la Reforma Protestante y la Iglesia nos invita a avanzar por los caminos del ecumenismo, le preguntamos a Lutero cuál ha de ser el significado de la Pasión en la espiritualidad cristiana.

Él quiere ser un reformador: se sitúa de forma crítica frente a muchas manifestaciones de la espiritualidad cristiana medieval en torno a la Pasión. Critica el uso mercantilista y las formas teatrales de muchas representaciones del sufrimiento de Cristo. No le gusta el espectáculo; la Palabra debe primar sobre la imagen, lo personal sobre lo folklórico.

Pero Lutero, como toda la edad media, también quiere llegar al corazón del creyente desde los textos evangélicos. Es más, cree que los evangelistas se quedan cortos, a diferencia de san Pablo, en aplicar la pasión de Jesús a los creyentes: reducen su relato casi a la mera descripción de los hechos. Como la mejor tradición medieval, también Lutero busca que el recuerdo de los relatos –para él leídos más que representados– toque el corazón del individuo creyente.

Él nos propone un triple “uso” de la Pasión.

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Vida

Como muchos de nuestros coparroquianos saben, tres sacerdotes de nuestra diócesis han tenido la ocasión de acudir a Roma, para conmemorar sus veinticinco años de sacerdocio, y han sido invitados a concelebrar en la Misa que el Santo Padre Francisco, en la capilla de Santa Marta, celebró la mañana del 30 de marzo pasado, de cuyo testimonio y para rememorar unos instantes de ese momento de comunión, invitamos a pinchar en la dirección abajo indicada. A los tres, D. Manuel Pérez Tendero, D. Fernando García-Cano y D. José Manuel Medina Porrero felicitaciones y nos unimos con la oración y el agradecimiento por esos años entregados a la Iglesia día a día, en diferentes lugares de nuestra geografía diocesana.

https://www.youtube.com/watch?v=WARdEeYI0QY

Vicente Ruíz Blanco.

Nos regalaste la vida

Solo dista cuatro kilómetros de Jerusalén, pero hay que dar un gran rodeo para llegar hoy a Betania, debido al muro de separación entre judíos y palestinos que se está construyendo desde los comienzos de este milenio.

Desde Jericó a Jerusalén, la última etapa de Jesús de Nazaret hacia la Pascua pasa por esta ciudad. En ella dormía, según los evangelios, en los últimos días de su actividad antes de ser apresado y ajusticiado.

Allí tenía amigos. Sabemos de un tal Simón el leproso, en cuya casa habría comido Jesús; pero conocemos, sobre todo, a la familia de Lázaro y sus hermanas, Marta y María: los grandes amigos del Galileo.

La tradición cristiana no ha recordado las casas de estos amigos, pero sí el lugar del sepulcro de uno de ellos, Lázaro. Unos días antes de Pascua, Jesús pasó por allí y sacó del sepulcro a este amigo que llevaba ya cuatro días enterrado.

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