Tiempo de Libertad

El Carnaval se inventó como preludio de la Cuaresma. Por contraste, nos introduce en el significado profundo de estos cuarenta días que son un memorial del tiempo que el fundador del cristianismo pasó en el desierto para ejercitar la libertad, para vencer al mal. La carne frente a la abstinencia, el disfraz frente a la autenticidad.

La palabra que más resuena en la Cuaresma es “conversión”. Normalmente, estamos acostumbrados a mirar el mal en sus consecuencias, y a quejarnos de ello buscando culpables. La Cuaresma, en cambio, nos invita a ir a las causas del mal, a buscar sus orígenes; nos ayuda a superar la queja y a buscar nuestra propia responsabilidad en la superación del mal. Quien se ejercita en Cuaresma no busca, ante todo, acusar, sino convertirse; no mira solo fuera, sino dentro, en sí mismo, porque sabe que la vida es responsabilidad, y sabe que el mundo se transforma empezando por uno mismo.

Es la misma actitud con la que comienza siempre la reunión principal de los creyentes, la eucaristía: el reconocimiento del propio pecado, la implicación personal y humilde como requisito para toda comunión y todo proyecto.

En nuestras relaciones humanas, desde el matrimonio hasta las grandes empresas, casi siempre pensamos que es el otro quien tiene que cambiar; y es posible que sea cierto en muchos casos. Pero no hay mejor forma de suscitar el cambio del otro que empezar con una actitud de cambio personal. Exigir no suele ser una estrategia muy fructífera para buscar la comunión, tampoco la acusación y el juicio. Empezar por uno mismo es el mejor comienzo.

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