El tiempo, tu tiempo, el tiempo de Dios.

¿Cuánto tiempo hace que no te sientas un ratito a solas delante de Dios y le dices:

“Aquí estoy, Señor” ?

Cuando Dios llamó a Samuel, esa fue la respuesta que había de dar:

“Aquí estoy”

Nosotros a veces andamos cerca de Él, con Él, pero no se nos ocurre ni siquiera preguntarle:

-“¿Señor, qué quieres de mí? Ni decirle  “Aquí estoy, Señor”

Vamos directamente, le hacemos una pequeña oración y ya está; la petición de lo que esperamos nos conceda y listo.

Y Dios calla.

Él siempre calla, calla y espera un poquito de nosotros, un poco de alegría por nuestra parte, de sentirnos ante Él, de que le digamos algo más; que le demos las gracias porque nos ha escuchado.

También espera de nosotros ese gesto agradecido que tiene un niño hacia su padre, cuando, en medio de su juego, alza la mirada hacia él, le dedica una sonrisa cómplice- porque sabe que está ahí para abrazarlo y cuidarlo en cuanto corra a buscarlo.

NOS AMA TANTO QUE ESPERA; NO NOS FUERZA;

ESPERA DE NOSOTROS   …  y nosotros….¡andamos tan distraídos!…

Hoy has abierto tus manos ante Él, y casi ni te atreves a enseñárselas porque has puesto en ellas tan pocas cosas para compartir con Él…

Andas tan atareado que no tienes tiempo ni para pensar. ¡Todo es correr y correr¡

SERÉNATE, no todo ha de ser así.

Porque, aún puedes cambiar el rumbo. Aunque pienses que ya es tarde, no lo creas. Recuerda que DIOS siempre ESTÁ  AHÍ, para quien lo busca.

Aunque  el tiempo pasado sea el más largo de tu vida ¿qué?. Si el que te queda por vivir no lo es tanto  ¿qué?.   Toma en serio este que te queda; ponte en las manos  de Dios y… ¡ arranca hacia adelante!

Ponte en sus manos y dile a Él que, ese tiempo que te queda es lo único que tienes, pídele que te ayude, que te enseñe a llenarlo de amor, pero pídeselo con esas mismas palabras con las que te lo dices a ti mismo.

Y si tienes que llorar por lo perdido, lloras. Pero, después, toma lo que te queda y empléalo bien.

El pasado ya se fue. Olvídalo. Queda el AHORA.

San Agustín dice que las lágrimas son la sangre del alma, y la sangre siempre lava las heridas, después se curan y todo es de nuevo.

Este tiempo nuevo puede ser el mejor de tu vida. Dios tiene su tiempo, no es el nuestro, pero el tuyo, te lo eligió El para regalártelo.

No te detengas, ese que te resta puede ser el más pleno, el más hermoso, el más grato de tu vida.

Déjate ganar por Dios, Él nunca te fallará, aunque te lo parezca a veces. Hay que procurar entender sus caminos. Sólo piensa y desea nuestro bien, el tuyo, como si fuera suyo – que lo es- y acuérdate que al buen ladrón le bastó el último momento de su vida para encontrarse con Cristo que le ofreció el paraíso, en ese día último. Su personal paraíso.

Puedes comenzar hoy mismo.

Dios, tu Padre siempre te esperará y te acogerá para perdonar tus errores y tus pecados, pues no se le cansa el perdón.

¡¡Búscalo!!

Regresa a Él, porque te ama más que nadie.

                              Mari Luz M.