La humanidad vive momentos dramáticos de violencia que se multiplica. No es la primera vez, por desgracia. Muchas son las reacciones y propuestas ante esta situación. Se invoca la oración, la firmeza en las respuestas, la policía, el ejército, el perdón, la educación… Una de las preguntas que uno se vuelve a hacer en estos momentos es si el mal no es una realidad que sobrepasa lo humano. La violencia desatada, tal vez, no es solo un fenómeno inhumano, sino fruto de una maldad sobrehumana.
Un amigo comentaba esta semana que sería interesante volver a retomar la propuesta del papa Benedicto XVI en su discurso en la universidad de Ratisbona, hace ahora nueve años. Fue muy criticado por los medios de comunicación occidentales en una supuesta defensa de los intereses del mundo musulmán. Pero el desafío del papa se dirigía, ante todo, a la razón occidental, en el corazón de la universidad europea. “La afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios”. ¿Esto vale solamente para el pensamiento griego, para una tradición de la humanidad, o vale siempre y por sí mismo?
