He tenido un sueño

Siendo aún un muchacho, sin mucha capacidad oratoria, un hombre del pueblo de Anatot fue llamado por Dios para ser profeta. Jeremías era su nombre. Tal vez sea el profeta que más se resistió a la llamada de Dios, sobre todo cuando la situación de su país iba empeorando según avanzaban los años.

En los días de su juventud, cuando inauguraba su misión de profeta, parecía que las cosas iban mejor. El imperio opresor, Asiria, estaba en horas bajas, asistiendo ya al final de sus largos días de conquistas y muertes. Un rey joven entronizado en Jerusalén, Josías, tenía margen para poder reinar con cierta independencia de los asirios y recuperar las tradiciones religiosas del pueblo. Se atrevió incluso a extender sus dominios hacia el norte, los territorios antiguos del reino hermano de Samaría, que había sido destruido por Asiria.

Parecían llegados los años de la restauración, con el esplendor de un nuevo David que unificara a todo el pueblo en torno al templo de Jerusalén y la alianza con el Dios de Moisés.

Jeremías participa de esta esperanza. Los hermanos israelitas del norte, dispersados por el imperio, podrán regresar al hogar para formar parte del pueblo elegido, en la tierra elegida, bajo el rey elegido.

Jeremías es joven y sueña. Dios tiene poder para hacer regresar a los dispersos.

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Domund

Un niño pequeño, vestido de médico, juega en la mesa del salón de su casa. Delante de él, una gran pantalla de televisión cuenta la noticia del terremoto de Nepal y la labor de los misioneros para ayudar a todos los damnificados. Detrás del niño, sus padres leen el periódico y hacen crucigramas. La televisión es un sonido de fondo al que no prestan demasiada atención. El niño sí escucha y ve la tragedia.

En un momento, el niño cierra su maletín médico de juguete y se dirige a su habitación. Allí, en la pared, hay un mapa del mundo. El niño busca el país del que habla la televisión: Nepal. Tras un rato de recorrido mundial con la mirada, lo encuentra. Abre su maletín médico. Podemos ver sus pies, sobre zuecos de hospital, que se elevan para llegar bien arriba: algo está haciendo con el mapa que le cuesta esfuerzo y le hace llegar más allá de sus posibilidades. Al final, comprendemos la acción: el niño ha colocado una tirita sobre Nepal. Más tarde, sus manos unidas y su actitud recogida nos muestran que el niño apoya su acción simbólica de sanación con la oración. Una voz en off nos ayuda a sacar una conclusión: “Un gesto de misericordia, por pequeño que sea, es importante”.

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