La comparación es un recurso literario utilizado ampliamente en la historia de la humanidad para ampliar horizontes en la comunicación: “Su alma era oscura como una noche sin luna”. Establecer relaciones es una de las claves del lenguaje; porque el ser humano es misterio y todo lo real es misterio: las palabras no alcanzan a expresar la complejidad de la vida. El lenguaje se ayuda a sí mismo y, a través de relaciones, se consigue llegar a más, expresar realidades más profundas.
Cuando desaparece el “como” la comparación da paso a la metáfora: “Vosotros sois la luz del mundo”; “tú eres mi vida”. El lenguaje se condensa y se exige un esfuerzo mayor de interpretación: ¿En qué sentido podemos ser nosotros luz ante el mundo? ¿En qué dimensión significo yo vida para esa persona?
La comparación puede también enriquecerse a través de la parábola: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola”. La comparación se ha convertido en la trama de un relato, es una comparación desarrollada. Esta narración suele tener una moraleja, se diga o no en la parábola.
