COMO UN POZO PROFUNDO

La comparación es un recurso literario utilizado ampliamente en la historia de la humanidad para ampliar horizontes en la comunicación: “Su alma era oscura como una noche sin luna”. Establecer relaciones es una de las claves del lenguaje; porque el ser humano es misterio y todo lo real es misterio: las palabras no alcanzan a expresar la complejidad de la vida. El lenguaje se ayuda a sí mismo y, a través de relaciones, se consigue llegar a más, expresar realidades más profundas.

Cuando desaparece el “como” la comparación da paso a la metáfora: “Vosotros sois la luz del mundo”; “tú eres mi vida”. El lenguaje se condensa y se exige un esfuerzo mayor de interpretación: ¿En qué sentido podemos ser nosotros luz ante el mundo? ¿En qué dimensión significo yo vida para esa persona?

La comparación puede también enriquecerse a través de la parábola: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola”. La comparación se ha convertido en la trama de un relato, es una comparación desarrollada. Esta narración suele tener una moraleja, se diga o no en la parábola.

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Único Itinerario Catequético

La variabilidad de la historia personal humana y las infinitas formas de acceso a lo divino no son obstáculo para que la Iglesia ayude a encontrar a cada persona la relación que constitutivamente la une a Dios, e incluso para que como madre y maestra,  nos acompañe en esa cada vez más perfecta búsqueda de nuestro auténtico ser humano escondido en Dios; además de que ella existe para evangelizar, en la alegría del encuentro con Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, única puerta de acceso a la intimidad del Dios-Trinidad, Padre-Hijo y Espíritu Santo, que se ha autorevelado como amor y por amor a toda persona que viene a este mundo, a imagen y semejanza suyas.

El Sr. Obispo de Ciudad Real ha decretado (10 de mayo 2015) para toda la diócesis, un único itinerario catequético con el que facilitar el acceso al gozo de ser cristianos en la seguridad de la verdadera fe y en la pertenencia a la única, santa, católica y apostólica  Iglesia de Cristo.

Con estas líneas sólo vamos a destacar los aspectos principales del citado decreto, conscientes de algunos datos que aporta como justificantes de la conveniencia de esa “unitariedad itinerante”, a saber:

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ENKIDU

Gilgamesh es una de las epopeyas más antiguas de la humanidad. Enkidu, el protagonista salvaje y primitivo, va a convertirse en persona civilizada, en ciudadano, gracias al amor, al aseo personal y a poder compartir con otros seres humanos alimentos elaborados.

Cocinar es algo más que proporcionarse alimento. Comer es algo más que nutrir el cuerpo. El ser humano es aquel que ha convertido una necesidad fisiológica en un acto social y elaborado. El hombre no come trigo, sino harina y pan.

Junto al amor y a la limpieza personal, por tanto, la comida elaborada y compartida es una de las claves que manifiestan una sociedad desarrollada. Podemos conocer las características principales de una civilización a través de sus recetas y costumbres culinarias, a través de sus ritos de iniciación a la pubertad y las costumbres matrimoniales; también, a través del cuidado de ciudades, casas y cuerpos de los propios ciudadanos. Los baños, por ejemplo, son una clave de civilizaciones como la romana y la turca.

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EL AMOR POR DENTRO

En el siglo décimo, desde la lejana Babilonia, el rabino Saadyah fue el primer pensador judío que, sistemáticamente, cuestionó el dogma de la Trinidad. Ninguna religión ha entendido ni aceptado la insistencia cristiana al afirmar tres personas en la unicidad de Dios. Para Saadyah, no obstante, los cristianos deben ser respetados como verdaderos creyentes en Dios, puesto que el entendimiento que tenemos sobre la Trinidad –en nuestros mejores teólogos, no en su versión popular–, no es otra cosa que un modo de personificar los atributos divinos. ¿Es esto verdad?

Para muchos pensadores, Jesús fue un judío que predicó, vivió y entendió su muerte desde unas perspectivas netamente judías. Solo más tarde, bien por obra de Pablo o, según otros, de los Padres de la Iglesia, se habrían introducido conceptos ajenos al judaísmo que, procedentes de culturas y cultos orientales, convirtieron al cristianismo en una religión sincretista.

¿Qué piensa un cristiano “de a pie” del dogma de la Trinidad? ¿Cómo lo concibe? Sobre todo, ¿cómo influye en su vida y en su fe?

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