REGRESAR
En los relatos más antiguos, la confesión de fe de los discípulos de Jesús afirma cuatro acontecimientos que sucedieron en torno a la Pascua judía: su muerte, su sepultura, su resurrección y sus apariciones. Todo ello, interpretado como acontecimiento salvador para los hombres –“por nuestros pecados”– y en línea con lo que Dios había prometido al pueblo elegido por medio de los profetas –“según las Escrituras”–. Las apariciones, por tanto, forman parte del núcleo original de la fe cristiana.
De hecho, evangelizar no es sino transmitir el testimonio original de los discípulos de generación en generación. La fe cristiana consiste en dar crédito al testimonio de un conjunto de mujeres y varones judíos, la mayoría galileos, que fueron discípulos de Jesús y aseguraron que se habían encontrado con él, vivo para siempre, después de haber sido ejecutado en la cruz por el procurador Poncio Pilato.
La Huella del Obrero Nº2
Domingo de Resurrección
SANGRE DERRAMADA
“Detenido, sin defensor y sin juicio, fue arrancado de la tierra de los vivos…”
Así reflexionaba un poeta de Dios hace casi tres mil años. No sabemos cuál fue la injusticia histórica que dio origen a esa reflexión sobre la muerte, tal vez la más profunda de la historia de la humanidad.
Siglos después, el misterio de este canto del Siervo de Dios se despejó desde el futuro: en Jesús de Nazaret se cumplió, palabra por palabra, la reflexión del profeta. Sus heridas, había dicho el poeta, han curado nuestros propios pecados y heridas: bellos símbolos, propios del arte literario; pero, al parecer, lejanos a la realidad.
En Jesús de Nazaret hemos podido observar la realidad plena de esa bella literatura. A partir de su pasión, encuentran luz tantas violencias gratuitas que el mundo sigue soportando.
El mundo no ha mejorado mucho desde los tiempos de Isaías. La violencia no ha decrecido, la lucha contra la verdad y la libertad no ha dejado de existir. Hoy, en Kenia: universidad, búsqueda de la verdad; cristianos, seguidores pacíficos del Crucificado: contra ellos se levanta la barbarie del hombre sin humanidad en esta Semana Santa que se tiñe de sangre.

