El pasado jueves, veintiocho de enero, recordábamos a uno de los filósofos más importantes de la historia. Fue alumno y profesor en París; vistió el hábito dominico. Se llamaba Tomás. Intentó un diálogo profundo entre el pensamiento de Aristóteles y la teología cristiana. La influencia de su pensamiento llega hasta nuestros días.
Por todo ello, Tomás de Aquino es el patrono de los estudiantes de enseñanzas medias y universitarias. Con este motivo, algunos han estado de fiesta estos días.
Me ha gustado la forma de celebrar esta fiesta que ha tenido un claustro de profesores: sentarse toda la mañana a dialogar sobre algunos retos actuales de la filosofía. Fue una delicia poder participar en esas reflexiones: se abren horizontes, se renueva la motivación por el esfuerzo intelectual, se rejuvenece un poco la esperanza ante los tiempos que vivimos.Sigue leyendo «El bien y el placer»