AVISO:

En la semana del 12 al 17 de enero, comienzan de nuevo las catequesis de niños, adultos y de confirmación. ¡Os esperamos! 🙂

El siervo

¿Puede un gobernante cumplir la voluntad de Dios?

Cuando nacía el imperio persa, un profeta anónimo de Israel, desterrado en Babilonia, escribió un conjunto de poemas sobre un anónimo Siervo de Dios. Es una figura enigmática, alguien por medio del cual Dios actúa en medio de la historia. En el primer poema, Dios mismo presenta a su Siervo: es un elegido, en quien Dios se complace y lo sostiene, lo ha tomado de la mano, lo ha moldeado como nuevo Adán en medio de la creación. Este envidado recibe el Espíritu para realizar su misión. Una misión de la que se subraya, en primer lugar, el estilo: sin voces, sin violencia, ayudando a sostenerse a los más frágiles; con una fuerza que nada impone, sino que está al servicio de la debilidad de los otros. Su tarea consiste en instaurar la justicia en el mundo, librando a los cautivos y dando luz a los ciegos.

¿Quién es este enigmático Siervo que el profeta nos presenta de una forma tan bella? ¿A través de quién actúa Dios para instaurar su justicia en la historia? Para los cristianos, está claro que estas palabras se aplican, en primer lugar, a Jesús de Nazaret: él llena de realidad toda la belleza del canto del Siervo.

Pero, en su origen, en la época histórica en que se escribió, ¿en quién pensó el profeta en primer término? ¿Quién es el personaje que, en aquella época, fue mediación de la salvación de Dios?

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