Hacia el Domingo…4 de marzo de 2018: «RENOVAR LOS TEMPLOS»

Las palabras son insuficientes. Jesús de Nazaret, como los antiguos profetas, vino a realizar su misión, no solo con su predicación oral, sino con sus gestos y con toda su vida, hasta la última entrega en el Calvario, gesto definitivo que nos revela su condición de Hijo.

Uno de los gestos proféticos más llamativos que Jesús realizó fue la expulsión del templo de los vendedores de animales y los cambistas. Lo han conservado todos los evangelios y tuvo que ver, seguramente, con la condena a muerte de Jesús.

Este gesto no es sino la dramatización simbólica, en el corazón religioso de Israel, de todo el mensaje de Jesús: sus críticas a los fariseos, su nueva interpretación de las leyes de Moisés, su actitud ante el sábado, el misterio de sus parábolas, su cercanía hacia los pecadores y cuantos se encontraban fuera de la ley,…

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Hacia el Domingo….25 de febrero de 2018: «DESDE EL FUTURO»

En el monasterio de Silos se conserva un claustro románico de los más bellos de España. Pero en Silos hay también otro tipo de arte, más o menos de la misma época que el claustro, pero vivo: el canto gregoriano. La experiencia estética no se reduce a lo visual; somos también oído, espíritu, tacto, ritmo,…

Es todo un regalo poder contemplar los matices románicos del claustro de Silos y poder unirse, con oído y alma, al canto pausado que se sostiene para alabar a Dios. La música es un arte, el canto gregoriano lo es. Y, como todo arte, necesita no solo de los genes y talentos, sino del trabajo y el esfuerzo. Cantar gregoriano es una verdadera escuela de educación en todas las dimensiones del espíritu humano.

Cantar gregoriano es, en primer lugar, aprender a moldear la voz, a cantar suave, con ritmo y con tono. No es voz agreste, improvisación original, sino hálito modelado, grito humano configurado con el logos. El canto está al servicio de la palabra, es vehículo de la Biblia, servicio a los Salmos para hacer viva la alabanza que un día el Espíritu inspiró. Los acentos de las palabras, el tono de súplica o alabanza, de júbilo o tristeza: el texto y su sentido marcan el canto.

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