Las palabras son insuficientes. Jesús de Nazaret, como los antiguos profetas, vino a realizar su misión, no solo con su predicación oral, sino con sus gestos y con toda su vida, hasta la última entrega en el Calvario, gesto definitivo que nos revela su condición de Hijo.
Uno de los gestos proféticos más llamativos que Jesús realizó fue la expulsión del templo de los vendedores de animales y los cambistas. Lo han conservado todos los evangelios y tuvo que ver, seguramente, con la condena a muerte de Jesús.
Este gesto no es sino la dramatización simbólica, en el corazón religioso de Israel, de todo el mensaje de Jesús: sus críticas a los fariseos, su nueva interpretación de las leyes de Moisés, su actitud ante el sábado, el misterio de sus parábolas, su cercanía hacia los pecadores y cuantos se encontraban fuera de la ley,…
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