Tres

Existe una gran diferencia entre la imagen religiosa occidental y el icono oriental. La diferencia más palpable está en la forma: escultura frente a pintura y realismo frente a simbología.

La imagen religiosa occidental es, fundamentalmente, escultura, define lo representado, lo abarca. Por otro lado, esa imagen –desde el Renacimiento hasta la actualidad– pretende ser realista, buscando la perspectiva humana, la perspectiva del que mira.

En cambio, el icono oriental no es escultura, sino pintura; posee dos dimensiones, porque sabe que la realidad representada no se puede abarcar, no se puede rodear, no se puede girar en torno a ella. El icono es solo una pequeña ventana que nos permite asomarnos a una realidad siempre mayor, desbordante para nuestra mirada, para nuestra mente y nuestro corazón.

Por otro lado, este icono no pretende mostrarse desde la perspectiva del que mira, sino desde las claves del símbolo. La imagen no es real, porque no pretende pintar el misterio desde lo humano, es más bien al contrario: lo humano debe realizarse bajo la luz del misterio, él es el modelo, no nosotros. El icono pinta a María y a Jesús, por ejemplo, no como fueron entre nosotros, sino como son ante Dios; no representan lo efímero, el pasado, sino el presente, lo eterno. Por eso, tampoco hay una fuente de luz que proyecte sombras en los personajes: todos están iluminados desde dentro, todos participan de la lámpara del Cordero que, según el Apocalipsis, será la luz de la ciudad celeste. El icono está coloreado con las luces de la Transfiguración.

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Manuel Pérez Tendero: “Muy arropado siempre por la gente que te quiere y por toda la Iglesia”

Un hombre de Iglesia. Un cura de parroquia. Un apasionado de Tierra Santa. Su vida es Cristo… Manuel Pérez Tendero cumple el próximo 5 de septiembre 25 años desde su ordenación sacerdotal. En pleno punto de inflexión en su vida, culmina una etapa del camino para iniciar la siguiente, con la ‘mochila’ preparada y la memoria llena de buenos recuerdos.

El 5 de septiembre de 1992, Manuel Pérez Tendero dijo sí a Jesucristo. “Creo que el día de la vocación es el día que te ordenas. El día del sí, es como la boda. Antes disciernes, buscas, te pones a disposición… pero el día de tu ordenación es el día de tu respuesta y casi también el día de la llamada definitiva”.

Don Manuel recuerda ese día “con mucho cariño”. “Me acuerdo, sobre todo, de la familia. El día anterior vinimos a Ciudad Real desde Urda, donde vivía, a preparar un poquito los aperitivos y esas cosas… Recuerdo que al volver por la carretera de Toledo –a última hora de la tarde- estaba muy bonito el cielo por la zona del pantano y fui casi todo el tiempo emocionado pensando cómo el Señor me regalaba aquel atardecer y aquel encuentro juntos, tranquilos, volviendo a mi casa desde la preparación, la última noche de mi vida antes de ser cura”. “Y también recuerdo el día siguiente esperando en casa que llegara la familia, en la puerta con el coche, ya todo preparado, nervioso”.

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