La simbología es una de las claves fundamentales del arte; la capacidad de sugerir, de invitar a ver más allá de lo que se ve. La metáfora en la literatura, la imagen en la poesía y en las artes plásticas.
La Escritura está llena de imágenes para intentar transmitirnos el misterio de la vida y el misterio de Dios. Una de las imágenes bíblicas más importantes y sugerentes es la que aplica a Dios la función del pastor. Su pueblo, por tanto, es rebaño, lleno de ovejas y corderos que son tratados con ternura por el dueño del redil.
En el Nuevo Testamento, son muchos los símbolos que se aplican a Jesús de Nazaret. Entre ellos, algunos son figuras de animales. Posiblemente, el símbolo más característico, y el que sin duda más ha sido representado en la historia del arte cristiano es el del cordero. Al final de cada Eucaristía, los fieles a punto de comulgar lo repiten hasta tres veces: “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo…”
¿Quién introdujo esta simbología del cordero para aplicarla a Jesús? Lo vamos a escuchar este domingo en nuestras misas: Juan Bautista designa a Jesús recién ungido en el Bautismo como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. ¿Qué significa esta metáfora aplicada a un varón judío del siglo primero? ¿Quién es este maestro galileo al que se le llama cordero?
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