Apóstoles

Todos tenemos una biografía a nuestras espaldas, con sus alegrías y sus esperanzas frustradas, con sus heridas y sus logros. Todos tenemos, también, un presente y atisbamos un futuro. Todos vivimos un mundo de relaciones humanas, familiares y de amistad. Tenemos una relación laboral con la sociedad y con la realidad.

En el corazón de estas dimensiones, algunas personas cuentan con la presencia de un ser sobrenatural y bondadoso al que llaman Dios. Le piden ayuda, saben que son responsables ante él de todos sus actos, en el presente y en el futuro; también celebran sus ritos en su presencia, poniendo en relación todas las dimensiones de la vida con la dimensión religiosa: nada de lo humano le es ajeno a Dios, creador de todas las cosas.

En esta radical dimensión religiosa del ser humano se inserta el cristianismo. Pero existe un matiz importante.

El fenómeno cristiano nace por la irrupción de un hombre en la vida de un conjunto de personas judías en el siglo primero de nuestra era. Las palabras y los gestos de ese hombre, sus milagros y su autoridad, pero sobre todo su propia muerte, van a cambiar la vida de unos pocos hombres y mujeres de las regiones de Galilea y Judea. La amistad con ese hombre les ha marcado para siempre, una relación personal que configura sus vidas desde la raíz.

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Luz entre las manos

Muchos cristianos han dormido poco esta noche. Es su Noche más sagrada. Han sido asperjados con agua, han escuchado una larga historia, han comido pan y han recibido una luz. Con velas encendidas en sus manos han rezado y han confesado su fe, sus certezas más hondas que llenan su vida de sentido y de futuro.

Las velas encendidas miran al pasado: las han encendido en el Cirio que es el Kyrios, el Señor, el Viviente. Es la luz de la fe: en la noche de la humanidad ha resplandecido la vida de Dios en el cuerpo de Jesús. Jesús resucitado, luz de nuestra historia, nos transmite su luz, su vida, su victoria.

Las velas encendidas son el signo de un hecho que ha sucedido y que portamos en nuestros cuerpos como luz para nuestras vidas. La resurrección del Maestro ha iluminado nuestra misma carne y hemos empezado a vivir una nueva realidad.

Queremos caminar “encendidos de Vida”, portadores de una luz que no es nuestra, pero que nos quema el corazón y nos alumbra el camino.

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Recuerdo vivo

Cuando se cumplen quinientos años de la Reforma Protestante y la Iglesia nos invita a avanzar por los caminos del ecumenismo, le preguntamos a Lutero cuál ha de ser el significado de la Pasión en la espiritualidad cristiana.

Él quiere ser un reformador: se sitúa de forma crítica frente a muchas manifestaciones de la espiritualidad cristiana medieval en torno a la Pasión. Critica el uso mercantilista y las formas teatrales de muchas representaciones del sufrimiento de Cristo. No le gusta el espectáculo; la Palabra debe primar sobre la imagen, lo personal sobre lo folklórico.

Pero Lutero, como toda la edad media, también quiere llegar al corazón del creyente desde los textos evangélicos. Es más, cree que los evangelistas se quedan cortos, a diferencia de san Pablo, en aplicar la pasión de Jesús a los creyentes: reducen su relato casi a la mera descripción de los hechos. Como la mejor tradición medieval, también Lutero busca que el recuerdo de los relatos –para él leídos más que representados– toque el corazón del individuo creyente.

Él nos propone un triple “uso” de la Pasión.

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Nos regalaste la vida

Solo dista cuatro kilómetros de Jerusalén, pero hay que dar un gran rodeo para llegar hoy a Betania, debido al muro de separación entre judíos y palestinos que se está construyendo desde los comienzos de este milenio.

Desde Jericó a Jerusalén, la última etapa de Jesús de Nazaret hacia la Pascua pasa por esta ciudad. En ella dormía, según los evangelios, en los últimos días de su actividad antes de ser apresado y ajusticiado.

Allí tenía amigos. Sabemos de un tal Simón el leproso, en cuya casa habría comido Jesús; pero conocemos, sobre todo, a la familia de Lázaro y sus hermanas, Marta y María: los grandes amigos del Galileo.

La tradición cristiana no ha recordado las casas de estos amigos, pero sí el lugar del sepulcro de uno de ellos, Lázaro. Unos días antes de Pascua, Jesús pasó por allí y sacó del sepulcro a este amigo que llevaba ya cuatro días enterrado.

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Para que puedan ver

¿Cuánto duró el ministerio público de Jesús de Nazaret? El evangelista san Lucas supone, siguiendo a san Marcos, que fue un año, y lo hace coincidir con el año jubilar judío: la misión de Jesús es el gran año sabático, el año de descanso, el año del perdón, el año de gracia del Señor, el año de la misericordia; con su presencia, el Mesías de Dios le da una cualidad nueva al tiempo y lo convierte en período propicio para reconstruir, para volver a empezar, para sanar. Lo dijo Jesús en su discurso inaugural, en la sinagoga de Nazaret: se ha inaugurado el “Año de gracia del Señor”.

Por otro lado, el mismo evangelista san Lucas marca esa misma intervención de Jesús con otro adverbio cargado de densidad: “Hoy”. Desde el nacimiento hasta la cruz, desde Belén hasta el Calvario, Jesús de Nazaret ofrece el día definitivo para el perdón.

“Hoy os ha nacido un Salvador” les dice el ángel a los pastores. “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” les dice Jesús a sus paisanos en la sinagoga de Nazaret.  “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” le dice Jesús a Zaqueo cuando lo visita en Jericó. “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” le dice el Crucificado al ladrón que reconoció su pecado.

El “mañana” es otra cosa: la presencia de Dios convierte en presente definitivo nuestro tiempo, lo toca de eternidad y lo impregna de misericordia infinita.

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Gracias

No todos los varones tenemos la experiencia de la paternidad; pero todos hemos tenido, de una forma u otra, la experiencia de haber vivido frente a un padre: otro ha sido padre para mí y me ha permitido experimentar la vida como filiación.

La autoridad del padre es un servicio para que aprendamos a apreciar la vida como regalo y como camino. Los hijos son más importantes que los padres: por eso creemos en la autoridad y afirmamos la obediencia como camino seguro para aprender a madurar. La filiación es la condición fundamental del ser humano; la paternidad, en cambio, es una misión.

Ahí radica una de las mayores maravillas de este mundo: otros han dedicado su vida a que yo aprenda a vivir; se han entregado a mí antes incluso de conocerme, me han querido sin que precediera ningún merecimiento por mi parte. ¿Existe algo más parecido al amor de Dios?

Es posible que solo en el cielo sepamos apreciar la figura de nuestros padres; es posible que solo la eternidad sea suficientemente larga para agradecer tanto amor regalado.

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Luz en la carne

Los buenos fotógrafos saben encontrar la luz adecuada para captar imágenes llenas de belleza. Lo mismo hacen los grandes pintores; dicen que Velázquez era un maestro en la búsqueda de la luz, quizá influido por la luminosidad de Sevilla.

Los iconógrafos, “escritores de imágenes”, pintores de iconos, han intentado también llenar sus dibujos de una luz especial. Solo que en los iconos no existe estudio de la luz, ni perspectiva que sirva de foco para toda la imagen: la luz brota desde dentro en el icono, lo llena todo, no hay sombras. Porque no es esta luz nuestra la que ilumina las imágenes religiosas de Oriente: ellos buscan expresar otra luz, la luz de Dios, la luz de la resurrección, la luz del futuro, la luz interior.

Es la “luz del Tabor”, esa que los tres discípulos contemplaron en el rostro y los vestidos de Jesús. La luz es la clave de la belleza, también de la vida. Es la clave de la alegría, la que tiñe la vida de esperanza y hace posible caminar. Un “rostro iluminado” nos llega al alma y nos invita a creer. La luz más hermosa que hace brillar nuestro rostro brota siempre de dentro, de un corazón que ha sido tocado por el amor. Esa es la luz del Tabor, la luz de Jesús: brota de su ser, de la presencia del Padre en él, del amor en plenitud que recorre toda su carne de Hijo.

La Iglesia fue fundada por un carpintero que acabó sus días ajusticiado en una cruz: ¿Cómo pudo ser que naciera de ahí un grupo de discípulos que se extendió por todo el mundo? ¿Qué tenía ese carpintero, qué misterio encerraba su condena? ¿Qué vieron en él los que le creyeron? ¿Qué es la fe? Saber ver la luz más profunda que envolvía su carne galilea. Su luz llenó de color la vida de aquellos primeros discípulos, y sigue llenando de matices nuestras vidas de creyentes.

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Tiempo de Libertad

El Carnaval se inventó como preludio de la Cuaresma. Por contraste, nos introduce en el significado profundo de estos cuarenta días que son un memorial del tiempo que el fundador del cristianismo pasó en el desierto para ejercitar la libertad, para vencer al mal. La carne frente a la abstinencia, el disfraz frente a la autenticidad.

La palabra que más resuena en la Cuaresma es “conversión”. Normalmente, estamos acostumbrados a mirar el mal en sus consecuencias, y a quejarnos de ello buscando culpables. La Cuaresma, en cambio, nos invita a ir a las causas del mal, a buscar sus orígenes; nos ayuda a superar la queja y a buscar nuestra propia responsabilidad en la superación del mal. Quien se ejercita en Cuaresma no busca, ante todo, acusar, sino convertirse; no mira solo fuera, sino dentro, en sí mismo, porque sabe que la vida es responsabilidad, y sabe que el mundo se transforma empezando por uno mismo.

Es la misma actitud con la que comienza siempre la reunión principal de los creyentes, la eucaristía: el reconocimiento del propio pecado, la implicación personal y humilde como requisito para toda comunión y todo proyecto.

En nuestras relaciones humanas, desde el matrimonio hasta las grandes empresas, casi siempre pensamos que es el otro quien tiene que cambiar; y es posible que sea cierto en muchos casos. Pero no hay mejor forma de suscitar el cambio del otro que empezar con una actitud de cambio personal. Exigir no suele ser una estrategia muy fructífera para buscar la comunión, tampoco la acusación y el juicio. Empezar por uno mismo es el mejor comienzo.

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AGOBIADOS

¿Qué es más valioso, el vestido o el cuerpo, el alimento o la vida? ¿Qué es más importante, el dinero o las relaciones familiares? ¿Qué tiene prioridad, disfrutar o amar?

El ser humano, normalmente, no está ante la disyuntiva de elegir entre el bien y el mal, sino ante el reto de elegir unos bienes antes que otros; al decidir, lo quiera o no, establece una jerarquía de valores. Con sus opciones, el ser humano está dando a unas cosas más importancia que a otras.

Es muy posible que una de las claves de la sabiduría, del arte de acertar en la vida, consista en una correcta jerarquía de valores que fundamente nuestras decisiones. Parece que hoy tenemos todos claro que es más importante el hombre que el sábado; pero no sé si tenemos tan claro la importancia de la persona por encima de su capacidad de disfrutar, o de la familia sobre un conjunto de euros. Nuestras decisiones, ciertamente, dejan claro qué es lo importante, qué cosas no estamos dispuestos a perder de ninguna manera.

También Jesús de Nazaret, el Maestro de Galilea, trató este tema en el famoso discurso del Monte. Nos invita a contemplar los pájaros y las flores para recapacitar, para saber encontrar de dónde brota la belleza y dónde tiene futuro la vida.

Hay una actitud que Jesús define como “pagana”, que tiene que ver con un “servir al Dinero” y que puede anidar en sus discípulos cuando son “hombres de poca fe”. Es la actitud de quien ha errado en la jerarquía y vive agobiado por conseguir bienes que no tienen importancia, descuidando a menudo lo que sí vale de veras.

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Talión

Desde muy antiguo ha habido muchas personas que han visto una contradicción entre el Dios que presenta el Antiguo Testamento y el Dios-Padre que viene a revelar Jesús de Nazaret. Desde muy antiguo ha habido muchos creyentes que han rechazado la primera parte de las Escrituras. De hecho, hay muchos creyentes que, de hecho, las rechazan porque nunca se han atrevido a leerlas.

Uno de los argumentos más importantes para esta contraposición y rechazo está en las llamadas “antítesis” del Sermón del Monte; sobre todo, podríamos señalar la contraposición entre la ley del talión y el amor a los enemigos. Frente al “ojo por ojo y diente por diente” de la Torah antigua, el mandato de Jesús de amar y rezar por los perseguidores y enemigos.

Pero Jesús mismo, unos momentos antes, ha dicho que no ha venido a destruir la ley y los profetas, no ha venido a abolir, sino a dar plenitud. Es más, como razón principal para exigir el mandamiento de amor a los enemigos, utiliza una frase clave en el libro del Levítico, el corazón de la Torah: “Sed perfectos (santos) como vuestro Padre (Dios) es perfecto”. La santidad de Dios es la base, la causa y la posibilidad de la santidad de su pueblo, de sus hijos.

Como en el resto de los temas bíblicos, en la moral también ha habido una evolución, un camino. La revelación de Dios al hombre se ha desarrollado en la historia, ha tenido una pedagogía. Desde la propia experiencia limitada del hombre, Dios lo ha ido conduciendo para conocer la verdad; con pausa, respetando las etapas, con paciencia y visión de futuro.

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