Una de las causas por la que los esenios de Qumrán se separaron de la gran corriente oficial del pietismo israelita fue la cuestión sobre el calendario. Criticaban a las autoridades saduceas del templo que habían cedido al utilizar un calendario lunar para las fiestas religiosas de Israel. Ellos, los esenios, se sentían más fieles a la tradición utilizando un calendario solar para fijar las fechas festivas cada año.
Una de las consecuencias de esta diferencia estaba en la celebración de la Pascua, en primavera. Para los esenios, todos los años el 14 de Nissán, la tarde del sacrificio del Cordero y de la Cena pascual, siempre debía coincidir con un martes. Para el calendario oficial del templo, seguido también por los fariseos, el calendario lunar hacía variable la fecha semanal del 14 de Nissán.
En nuestros cuatro evangelios también tenemos una pequeña discordancia entre las fechas. Para los tres primeros, los Sinópticos, la muerte de Jesús habría coincidido con el primer día de los Ázimos, el día 15 de Nissán, después de haber celebrado Jesús con los suyos la tarde anterior la Cena de Pascua. Para san Juan, en cambio, Jesús murió el día 14 a mediodía, cuando se hacían los preparativos para la gran Cena. Por tanto, los evangelios coinciden en el día de la semana: Última Cena el jueves, muerte el viernes; pero no coinciden con el día del mes: muerte el día 14 para Juan, el 15 para los otros tres evangelios.
