Las fiestas de Navidad finalizan con la celebración del Bautismo de Jesús. Más que el final de su infancia, este acontecimiento marca el comienzo de su vida pública. Todo lo que era promesa y profecía en Belén va a llegar ahora a su cumplimiento. La Palabra se hizo carne para poder hablar y obrar en medio del pueblo elegido; el Eterno nació para poder entregar la vida por aquellos a los que amó hasta el extremo.
Es fecha adecuada para invitar a una reflexión sobre la práctica del Bautismo en nuestro país. ¿Por qué sigue habiendo personas poco o nada creyentes –ciertamente, muchos no practicantes– que piden el bautismo para sus hijos? Hay parejas que renuncian libremente al séptimo sacramento –el matrimonio– y piden para sus hijos el primero de ellos. Cuántos contemporáneos nuestros hablan de la Iglesia desde fuera –a menudo, de forma crítica– y, a la vez, piden que sus hijos sean incorporados a la Iglesia. El bautismo es un Misterio: la palabra latina “sacramento” traduce la palabra griega “misterio”; pero es también un “misterio” muy humano en nuestra sociedad.Sigue leyendo «Bautizos»
