Bautizos

Las fiestas de Navidad finalizan con la celebración del Bautismo de Jesús. Más que el final de su infancia, este acontecimiento marca el comienzo de su vida pública. Todo lo que era promesa y profecía en Belén va a llegar ahora a su cumplimiento. La Palabra se hizo carne para poder hablar y obrar en medio del pueblo elegido; el Eterno nació para poder entregar la vida por aquellos a los que amó hasta el extremo.

Es fecha adecuada para invitar a una reflexión sobre la práctica del Bautismo en nuestro país. ¿Por qué sigue habiendo personas poco o nada creyentes –ciertamente, muchos no practicantes– que piden el bautismo para sus hijos? Hay parejas que renuncian libremente al séptimo sacramento –el matrimonio– y piden para sus hijos el primero de ellos. Cuántos contemporáneos nuestros hablan de la Iglesia desde fuera –a menudo, de forma crítica– y, a la vez, piden que sus hijos sean incorporados a la Iglesia. El bautismo es un Misterio: la palabra latina “sacramento” traduce la palabra griega “misterio”; pero es también un “misterio” muy humano en nuestra sociedad.Sigue leyendo «Bautizos»

Los que trabajan por la paz

Una vez más, el mundo quiere comenzar el nuevo año bajo el signo de la paz. El día primero de enero, desde hace cincuenta años, se celebra la Jornada Mundial de la Paz. Cada año, desde Pablo VI, el papa envía un mensaje de paz con motivo de esta Jornada. Leyendo el mensaje de este año, me siento invitado a reflexionar en torno a la paz como fruto y como signo.

“La paz es fruto de la justicia” dice la Biblia. La paz se construye, no es un sentimiento superficial ni un tópico que enviamos por medio de las redes sociales. Necesitamos la paz: la paz mundial, la paz en el hogar, la propia paz interior de cada persona que está llamada a ser feliz. Pero, como todo fruto valioso, solo podremos obtenerla por medio de una larga y continuada siembra, sin ceder a la tentación de buscar atajos falsos –llenos de violencia– para una paz impuesta que no dura y no es para todos.

La séptima bienaventuranza del Maestro de Belén también lo deja muy claro: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. La paz es fruto del trabajo, es una tarea común a todos, que necesita del esfuerzo personal e institucional. Como todo lo valioso, la paz es una realidad frágil, que necesita ser reconstruida y alimentada día a día.

Solo pueden ser llamados hijos de Dios los que trabajan por la paz; “solo la paz es sagrada” dice el papa Francisco, no existe guerra sagrada, no existen caminos hacia Dios fuera de los caminos de la paz.

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