Hacia el Domingo…8 de Julio de 2018: «DÉBILES Y FELICES»

Sería muy interesante atreverse a hacer una fenomenología de la debilidad. La fenomenología es un método filosófico que pretende comprender la realidad desde la empatía, aceptando la existencia de algo e intentando explicar su funcionamiento. No juzga, no desprecia: acepta, se interroga, explica.

¿Es la debilidad parte de la condición humana? Existe, está ahí; pero, en principio, no nos gusta. ¿Cuál es su origen, cómo funciona, cuál es su sentido? La humanidad, desde sus orígenes, ha tenido que luchar para superar los límites que la realidad le imponía. Cada hombre, como una humanidad que se renueva en cada nacimiento, viene a la vida cargado de limitaciones, dependiente de forma absoluta. Tras un paréntesis más o menos largo, la vida nos enseña a despedirnos de ella también desde la debilidad y la dependencia.

Somos radicalmente limitados. La debilidad no es un adjetivo que se nos ha pegado a los pies como el polvo del camino, sino latido profundo de nuestro corazón existencial. Vivir como si el límite fuera un accidente fácilmente superable, nos hace soberbios y provoca una actitud de enfado continuo ante la vida y sus dificultades. Enfadados y desagradecidos: las dos características de ese niño mimado que, a menudo, llevamos dentro de nosotros.

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Hacia el Domingo…1 de julio de 2018 «JEFE DE PERSONAL»

El pasado viernes, día veintinueve, celebraba la Iglesia a dos de sus santos más queridos: san Pedro y san Pablo, verdaderos cimientos de la fe cristiana y mártires ambos de la ciudad de Roma, a la que le han regalado su carácter de corazón del cristianismo.

Con motivo de esta festividad, la liturgia recordaba uno de los momentos más importantes de la vida de Pedro en su seguimiento del Maestro: la confesión de fe en el norte de Israel, junto a la ciudad de Cesarea, construida por Filipo, hijo de Herodes, como capital de su territorio. Pedro confiesa a Jesús como “Mesías e Hijo del Dios vivo”.

Es muy interesante la respuesta de Jesús. El Maestro nombra a Simón como Cefas, palabra aramea que se corresponde con el griego Petrós y el latín Petrus, “piedra”. Junto a este símbolo también aparece el de las llaves del Reino, recordando una profecía de Isaías. El evangelista nos muestra un momento crucial en el que Jesús nombra a Simón como cimiento y mayordomo de la Iglesia, un gesto instituyente en toda su magnitud. Está naciendo el papado; pero querría fijarme ahora en un matiz importante de este momento fundamental.

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Hacia el Domingo…24 de junio de 2018: «DESDE EL SENO MATERNO»

“Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre”. Así expresa Isaías la esencia de su vocación. Otro profeta, Jeremías, también dice palabras semejantes: “Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré. Te nombré profeta de los gentiles”. Un poeta que no fue profeta, pero nos prestó sus palabras para orar en los Salmos, tiene una experiencia parecida: “Tú has creado mis entrañas –le reza a Dios–, me has tejido en el seno materno, porque son admirables tus obras”.

Siglos después, también otro profeta se revuelve en el seno materno y salta de alegría porque intuye la presencia de Dios: es Juan Bautista, en el seno de su madre Isabel, ante la llegada de María embarazada de Jesús.

¿Qué tendrá el vientre materno para ser testigo de tan cruciales momentos? En el fondo, la medicina moderna no ha hecho sino corroborar la importancia de esta etapa fundamental y fundante de nuestras vidas: los meses que pasamos, antes de nacer, en el seno de nuestras madres.

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Hacia el Domingo…17 de junio de 2018: «DE SEMILLAS Y REYES»

Creo que todo el mundo sabría responder a la pregunta sobre lo esencial del mensaje de Jesús de Nazaret. “¿Qué predicó Jesús?” El Reino de Dios diría cualquiera que haya leído alguna vez los evangelios. Más difícil es saber en qué consiste ese Reino que Jesús predicó.

Si leemos despacio las parábolas, las bienaventuranzas, los pequeños dichos sapienciales, más que encontrarnos la explicación concreta de los contenidos del Reino, vemos que se nos habla de sus destinatarios privilegiados, de la autoridad con la que Jesús lo enseña y, sobre todo, del cariño con el que lo instaura el Rey de Israel que se hace ahora rey de todos.

En las parábolas aprendemos que el Reino se parece, ante todo, a una semilla. Semilla pequeña que se hace arbusto grande; semilla poderosa que crece por sí misma; semilla que ha de ser acogida por la tierra y que ha de morir para poder dar fruto. Las parábolas nos hablan de los personajes del Reino, nos acercan más al “quién” que al “qué” del mensaje de Jesús. ¿Por qué?

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