Acaban los días de Navidad. Muchos, en toda la superficie de la tierra, hemos celebrado esta fiesta. Pero, ¿a quiénes les pertenece por derecho propio? ¿Dónde eligió nacer el Hijo de Dios? ¿Por qué?
El ángel que nos presenta san Lucas, hablando a los pastores, les dice que su alegría, la de los sencillos, será “para todo el pueblo”. ¿Quién es ese pueblo sino Israel, los descendientes de Abraham, representados ahora en su estamento más marginal y sencillo?
La primera Navidad, el origen, por tanto, no es algo nuestro, sino de un pueblo al que no pertenecemos. Los europeos, los africanos, los asiáticos, los americanos, todos somos descendientes de otras tradiciones culturales y religiosas. Belén y Judea no son territorio de nuestra memoria ni fueron terrenos regados por el sudor de nuestros antepasados. Jesús de Nazaret no pertenece a nuestra raza, tampoco María.


